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Xavier Díez de Urdanivia
Xavier Díez de Urdanivia
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Xavier Díez de Urdanivia es abogado (por la Escuela Libre de Derecho) Maestro en Administración Pública (por la Universidad Iberoamericana) y Doctor en Derecho (por la Universidad Complutense, Madrid). Ha ejercido diversas funciones públicas, entre las que destacan la de Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Coahuila, del que fue Presidente entre 1996 y 1999, y Abogado General de Pemex. Ha publicado varios libros y muy diversos artículos en las materias que constituyen su línea de investigación, e impartido conferencias, seminarios y cursos sobre las mismas. Actualmente es profesor de tiempo completo en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, donde imparte cátedra e investiga en materia de Derecho Constitucional, Teoría y Filosofía del Derecho y Teoría Política. También es colaborador de la página editorial de Zócalo y de Cuatro Columnas (de la Ciudad de Puebla), y lo ha sido del Sol del Norte y El Diario de Coahuila, así como de los noticieros del Canal 7 de televisión de Saltillo, Coah.

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19 Abril 2020 04:00:00
La crisis política de la pandemia
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Según se vislumbra, tras la crisis de salud general se agudizará la crisis económica que ya se venía gestando entre nosotros y habrá seguramente una crisis política que puede ser de magnitud mayor, a juzgar por los barruntos que se han dejado ver.

“Balcanización”, la llaman algunos, pero en el fondo no es sino una crisis estructural que se debe al inveterado desdén por las normas y la incivilidad que ha hecho presa de la vida comunitaria en México.

Se expresa por boca de algunos gobernadores ahora que la necesidad es extrema y las sensibilidades están a flor de piel, pero no es nueva. Sus orígenes radican en la hegemonía consentida, hija de una convenenciera sumisión, que ha significado a nuestro país durante toda su historia.

Cuando, a la vera del modelo estadounidense, se adoptó en México el formato presidencial, se resolvieron algunos problemas coyunturales de dispersión por falta de liderazgo, pero también se asumieron los vicios de la monarquía que, republicanizada -por decirlo del modo más preciso- absorbió la “nueva” figura, con el agravante de hacerlo en un contexto cuya cultura política se caracterizaba por abrevar de dos fuentes imperiales, de elevado tono religioso: La mexicana y la ibérica.

El presidente, en México, ha sido siempre el “Gran Tlatoani” que, como único partefamilias, ha fungido, al mismo tiempo, como legislador, jefe de la administración y juez supremo. Nada contra su voluntad omnímoda, todo conforme a sus deseos.

Hoy, tiempo de borrascas en que el timonel ha dado muestras de no contar con una brújula bien calibrada y la firmeza necesaria en la mano para mantener el rumbo debido, surgen las voces, apenas explicables, de algunos gobernadores que exigen respeto a un pacto federal que, como el metal en las costas, ha sido carcomido por el desdén hacia las normas y la abyección de la sumisión cortesana.

¿Dónde estaban esas voces cuando, con prolijidad proverbial, han pasado tantas reformas constitucionales socavando el “pacto federal? ¿Dónde al dar cabida a tantas y tantas leyes “generales” que, junto a sus absurdas réplicas locales, desmantelaban el sistema federal?.

Poco se ha estudiado en nuestro país el sistema federal seriamente, a pesar de ser uno de los pilares fundantes del estado mexicano y ser uno de los pocos fundamentos políticos que han estado presentes desde el principio, aunque no exento de vicisitudes, en la norma que debiera ser suprema.

En cambio, la irreflexiva “innovación” jurídica ha conducido, una y otra vez, a la introducción de remiendos y pegotes literalmente copiados, ni siquiera adaptados, de otros dogmas jurídicos.

Tal es el caso, por ejemplo, de las reformas constitucionales promovidas en 1983 por Miguel de la Madrid, adoptando las líneas de la teoría denominada “relaciones intergubernamentales”, setenta años después de que se hubieran adoptado en los Estados Unidos y a partir de las cuales se desarrolló esa teoría, que después se quiso llamar “nuevo federalismo” y que en su momento impulsó Ernesto Zedillo en México.

Las reacciones de los gobernadores que han adoptado medidas propias o las han pactado con los gobernadores de los estados vecinos ante la pandemia, son una reacción natural de defensa frente al embate de una adversidad que, por sus características, debería ser atendida con mayor diligencia por el gobierno de la Unión, que sin embargo parece estar más ocupado por otros menesteres, quizás menos importantes y seguramente menos urgentes.

No se trata de balcanización alguna o pretendidos secesionismos, aunque la situación prohíbe proyectos decimonónicos y aspiraciones nuevas que, sin embargo, no habrá que desestimar fútilmente, porque ciertamente hay voces -y señales- que le confieren a la idea algún aire de verosimilitud, por fantasiosa que ahora pueda sonar.

De esto último, de la crisis política global, de los reacomodos en ese nivel, de la verdadera naturaleza del sistema federal y de su saneamiento en México tendrán que ocuparse las siguientes entregas, porque el espacio de ésta ya se terminó.

Que tengan una feliz semana.
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