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Federico Muller
Federico Muller
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27 Marzo 2020 03:00:00
La crisis sanitaria y las políticas económicas ortodoxas
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La recesión económica que se vislumbra, cuyo origen aparentemente es por un virus biológico, quizá no tenga paralelo con ninguna otra vista en este siglo 21. Al menos los resultados que se han observado en las bolsas de valores del mundo, muestran un nerviosismo exagerado que atenta contra el razonamiento y frialdad que deben tener los hombres del dinero ante tales acontecimientos. Guardando ciertas distancias, las reacciones son parecidas a las de la Gran Depresión de 1929, particularmente en el sector bursátil y financiero, pues ante la incertidumbre, es decir el temor a lo desconocido, los tenedores de bonos y acciones tratan de proteger su patrimonio buscando activos más seguros para invertir, sin considerar los efectos perniciosos que tienen sus sentimientos y emociones en las actividades económicas productivas de una sociedad universal que, por su interconexión global, dejó atrás las fronteras entre países.

Al inicio de esta semana, y tomando como ejemplo a la economía estadunidense, que por su participación en el PIB mundial juega un papel determinante en la ralentización o aceleración de la dinámica económica. las políticas monetarias instrumentadas por la Reserva Federal (Fed), que no tienen que pasar por el Congreso estadunidense para su aprobación, no han convencido a los inversionistas de Wall Street. Los índices bursátiles (Dow Jones, S&P 500, Nasdaq) han venido bajando, y la tendencia que se puede observar no es nada alentadora para el resto de las bolsas del mundo.

Si las bolsas siguen con comportamientos erráticos, es probable que las políticas monetarias expansionistas de la Fed queden neutralizadas, sin el efecto deseado, lo que seguramente presionará al Congreso estadunidense a destrabar las propuestas fiscales del presidente Trump para reactivar la economía de EU. Pero el problema parece ser que no se resuelve implementando políticas de corte keynesiano, esto es gastando recursos públicos para apoyar a sectores que más han resentido la baja demanda en el consumo; sencillamente porque la causa no es económica, ni financiera, sino sanitaria, la salud pública se ha visto quebrantada por epidemias o quizá pandemias en países y regiones, pero en el pasado reciente ninguna había tenido las magnitudes del coronavirus (Covid-19), que paradójicamente puso a prueba los sistemas de salud pública de los países más ricos de la Tierra.

Cualquier cantidad de recurso público no es suficiente para mitigar el miedo que siente la población a contagiarse, y por ende su consumo habitual de bienes y servicios disminuye drásticamente. Va a costar tiempo y recursos devolver la seguridad y confianza a la gente para salir a la calle. Ante este fenómeno sanitario, virulento y desconocido por las mutaciones tan aceleradas que ha adquirido en el tiempo, se requiere mantener las campañas de prevención y subsidiar temporalmente a los trabajadores, que por razones forzadas entran en paro. Y al micro, pequeño y mediano empresario del país, apoyarlos con estímulos fiscales y créditos con intereses blandos. Además, implementar un programa agresivo de inversión pública, en infraestructura y equipo.

El sector salud público, por las deplorables condiciones en que se encuentran clínicas y hospitales, requiere de más inversión, aunque para ello se tengan que llevar reformas a la ley del IMSS y del Trabajo. Y paralelamente, tomar en serio el cambio climático, que -aunque todavía no hay una certeza científica- se considera como uno de los factores que desencadenaron la pandemia actual, que no ha respetado ni fronteras ni clases sociales.

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