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Ricardo Alemán
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13 Abril 2020 04:00:00
¡La crítica, una nueva epidemia contra AMLO!
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No es nueva la intolerancia del presidente López Obrador a la crítica y, sobre todo, a sus críticos.

Y no es nueva la intolerancia si recordamos que el Mandatario mexicano está lejos de ser un demócrata y menos un convencido de libertades básicas, como la libertad de expresión.

Tampoco es nuevo que López calumnia y difama casi todos los días a los medios y a sus críticos quienes, con datos duros, también todos los días derriban la montaña de mentiras que son sus “mañaneras”.

Y no es nuevo que AMLO despierte con una creciente irritación si, a diario, sigue a la baja su popularidad; caída que acredita a sus críticos.

Incluso Obrador ha inventado la especie de que existe una campaña de medios y periodistas en su contra -con quién sabe qué oscuros intereses-, que sus aplaudidores ya convirtieron en nuevo espantajo que persigue al hombre bueno que solo busca la pobreza de todos los mexicanos.

Lo nuevo, en todo caso, es que ante la creciente crítica a los errores, dislates y fracasos del presidente Obrador, también crecen los niveles del enojo y la irritación presidencial, quien parece cerca de un manotazo autoritario digno de Fidel Castro o de Nicolás Maduro.

Y es que, en efecto, crece sin freno una nueva epidemia que ya alcanzó al Gobierno federal, a su partido, a su gabinete y, sobre todo al propio Obrador.

¿Una nueva epidemia? Sí, la epidemia crítica que, literalmente, se generalizó en torno al Gobierno de AMLO y que, incluso, despertó a muchos de los otrora fanáticos y aplaudidores del Gobierno de López.

Durante meses, cuestionamos la pasividad de los críticos mediáticos, de intelectuales y hasta de los empresarios. Cuestionamos la ceguera, la sordera, la indolencia y hasta la cobardía de aquellos que, en democracia, debían ser los principales críticos de un Gobierno fallido, como el de AMLO.

Sin embargo, esa tendencia empieza a cambiar.

Sí, al paso de los meses del aún joven Gobierno de López, ya resulta insostenible la narrativa discursiva presidencial, sustentada en imaginarios milagros e indefendibles logros que, a querer o no, chocan con una realidad que arrastra al país a lo más profundo de la peor crisis de la historia.

Todo ello en medio de pruebas irrebatibles de que vivimos víctimas del peor Presidente de la historia: el más analfabeta, el más estulto y el más mentiroso, con casi 25 mil mentiras en solo 16 meses de Gobierno.

Y frente a la creciente ola crítica, como era de esperarse, aparece el peor Presidente: el más intolerante, agresivo y aquel capaz de la difamación pública sin límite contra quienes lo critican por obligación, por convicción y con solo datos duros.

Y ese Presidente irritado, furioso, ofensivo y grosero es al que vimos en “las mañaneras” de los días lunes, martes y miércoles 6, 7 y 8 de abril, en sesiones de intolerancia e insulto a periodistas y medios críticos de su gestión.

El lunes y martes López Obrador la cargó contra los periodistas Pablo Hiriart y Carlos Loret, a los que difamó y calumnió por cometer el pecado de hacer su trabajo y hacerlo bien.

El miércoles, en cambio, el Presidente lanzó toda su furia, sarcástica y socarrona, contra los diarios El Universal y Reforma; los dos pilares del mejor diarismo que se hace en México, en más de 100 años, en el caso del primero.

Así lo dijo, luego de que uno de sus paleros le preguntó sobre las críticas en la prensa a su Gobierno.

“Ya me los imagino, esperando que nos vaya mal, a todos estos... con equipos especiales, haciendo entrevista a los enfermos… o sea, porque es otra cosa, pues…. vean a periódicos como El Universal, que se volvió opositor.

“Ni en los tiempos del maestro Palavicini, cuando se fundó, estaba tan opositor… y así todos… y para qué les cuento del Reforma.

Y están de veras, muy enojados, contrariados… pero ojalá y se vayan serenando… el Paciflorine es bueno, el té de tila… porque por más campañas amarillistas no van a poder, no pasarán nuestros adversarios con sus voceros, no pasarán…”.

Está claro que el presidente Obrador es un perfecto ignorante del papel crítico de la prensa y de la responsabilidad crítica de los periodistas que ejercen el género periodístico de opinión.

López actúa como tirano que aspira a la censura previa y a la verdad oficial. Ignora que la democracia -aun debilitada como la democracia mexicana-, es el espacio ideal para el ejercicio de todas las libertades.

Esas libertades que él, López Obrador, usó de manera eficiente para llegar al poder presidencial; libertades que ya como Presidente, no le gustan.

¿Ya olvidó Obrador el elogio que hacía a El Universal, a Reforma y a sus periodistas críticos de los excesos del viejo PRI, de las transas de la derecha del PAN?

No, señor Obrador, la crítica a su Gobierno fallido apenas empieza. Las críticas a su fracaso no las podrá detener ninguna amenaza y menos si viene de un tirano que no entiende que en México ya está sembrado el germen de esa poderosa institución social, hija de la democracia, llamada “opinión pública”.

Sí, “opinión pública”, esa nueva epidemia capaz de derribar a gobiernos sátrapas, como el de López Obrador.

Al tiempo.
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