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Francisco Tobías
Francisco Tobías
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08 Octubre 2019 04:00:00
La democracia como medio y como fin
Podemos hablar de Hegel el filósofo, si queremos tratar de entender a la democracia. Con sus tres posiciones dialécticas, se ha influido y se continua influyendo en las vicisitudes político-sociales del mundo.

Para Hegel, el Estado es el organismo que es la propia sustancia consciente. El Estado no es algo artificial, es la persona políticamente organizada de la nación; en consecuencia, la Constitución política de un país es un producto orgánico del espíritu de la nación y de su peculiar historia.

La razón de Estado -como en México le dio peculiar importancia don Jesús Reyes Heroles- dio el renacimiento lógico a muchas naciones de un Estado con una misión cultural, más allá de Kant, que solo veía al Estado como una organización jurídica.

Hablemos antes de la República. Si bien es cierto, la República descansa en la confusión de la sociedad civil y el Estado. Históricamente podemos apreciar en lo que se convirtieron los romanos y los griegos, que decayeron en tiranía y cesarismo por vicios inherentes a la forma republicana.

Considero que el que mejor transmitió en ciencia y práctica la filosofía hegeliana fue Marx. Para Marx, el Estado es solo la superestructura ideológica de los que dominan en una sociedad burguesa. Por otro lado, no es que Marx niegue la cultura misma, lo que él en esencia niega es que la estructura de la vida social sea fundamentalmente de índole cultural y no económica.

Terminando con Hegel, no podemos decir que él haya tenido una filosofía oficial, ya que sus trabajos se muestran tan fértiles porque habló en posiciones tan antagónicas dentro del pensamiento social y político.

Lejos de considerar lo opinado como una teoría política, creo que los conceptos de Libertad, Autoridad y Ley, transitan mejor en la democracia.

Dentro de la vida civil hay que considerar dos importantes temas: libertad y leyes. Una vida civil sin libertad es imposible concebirse, tampoco se concibe la vida sin ley. Adaptándose a las aspiraciones de autonomía del ser humano, diría el celebre Antonio Caso, siendo un poco libertad y un poco ley en donde medie con prestancia y ecuanimidad la autoridad.

La democracia con sus instituciones políticas y jurídicas no deben tener otro fin diverso que el de alcanzar la felicidad de la gente, precisamente con la consecución de los valores de la cultura (verdad, belleza, justicia, bondad…).

Muchos al día de hoy construyen a la democracia dentro de sofismas. La libertad y su forma política dentro de la democracia son medios y no fines últimos. Lo que se desea es una democracia para el bien y para la verdad, para la libertad y la justicia, pero de nada sirve todo lo anterior si se construye dentro de una democracia como fin último.
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