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Federico Muller
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10 Enero 2020 04:00:00
La deuda externa y el endeudamiento
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Por segunda ocasión el Gobierno de la 4T, a través de la Secretaría de Hacienda, sale al mercado internacional a colocar deuda. En su corta gestión, el presidente López Obrador ha seguido los preceptos del modelo neoliberal, el cual considera utilizar instrumentos financieros para refinanciar la deuda externa de un país. Hace menos de una semana se ofrecieron bonos mexicanos por un valor de 2 mil 103 millones de dólares, la venta fue exitosa, pues la demanda por los “papeles” superó por más de seis veces el monto ofertado. La propuesta de Hacienda incluyó, además de los bonos que vencen en 2030, la compra de notas en poder de los inversionistas institucionales que expiraban en el corto plazo, e intercambiarlas por otras que se rediman en 2050.

Según declaraciones de la propia Secretaría, con el monto obtenido el Gobierno federal podrá amortizar los compromisos contraídos con los acreedores internacionales para saldarse en 2020. Desde un punto de vista técnico, lo que está haciendo esta Administración es abonar a capital, a través de la contratación de nueva deuda, aunque políticamente puede ser rentable, porque las administraciones por venir tendrán que asumir esos compromisos, lo pernicioso es que se hipoteca el futuro de las siguientes generaciones de mexicanos.

En la narrativa se habla del rompimiento con el paradigma neoliberal, sin embargo, se sigue con la tendencia de las administraciones pasadas de extender el plazo de pago de la deuda externa: heredando deuda. Las explicaciones que se pueden dar sobre el comportamiento de Hacienda en cuanto a la formulación de políticas de pago de la deuda, giran en torno al crecimiento económico y a la recaudación de impuestos durante 2019.

Comportamiento del PIB. Aunque aún no se dispone del dato oficial, publicado por el Inegi, todos los pronósticos señalan que durante 2019 la actividad económica no creció. Con tasa cero, es muy complicado mantener la deuda externa sin incrementos, como se había prometido en la campaña política de AMLO. Y como consecuencia de ello, los tributos al Gobierno disminuyen, una correlación causal y perjudicial: bajo crecimiento económico conlleva a menos recursos para la Administración Pública.

Impuestos en 2019: IEPS, IVA, ISR. De estos tres impuestos solamente se incrementó la recaudación del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), que de enero a noviembre de 2019, aumentó casi 30 por ciento. La subida del IEPS se debió a los incrementos graduales que tuvieron los precios de los combustibles y otros productos. Por otra parte, el Impuesto al Valor Agregado (IVA), el que paga el consumidor al efectuar alguna compra de un bien o servicio, con excepción de los medicamentos y artículos de primera necesidad, como se paga al consumir, tiene la ventaja de que es difícil de eludir. Su caída fue de 3.7%, también de enero a noviembre de 2019, con respecto al mismo lapso de 2018. La disminución es un claro indicador de la pérdida del poder adquisitivo de gruesos sectores de la sociedad mexicana, quienes disminuyen su consumo y reorientan sus precarios ingresos hacia productos necesarios para sobrevivir. A su vez, el Impuesto Sobre la Renta (ISR) siguió la misma tendencia que el IVA, pues decreció 1.6%, también en el mismo periodo.

Como se puede apreciar, al reducirse las fuentes de recursos del erario, se trata de compensar la caída de los ingresos haciendo recortes en el gasto e inversión pública. No obstante, en aras de mantener un superávit primario, se sacrificaron empleos, medicamentos, becas para estudiantes de posgrado y misteriosamente aparecieron subejercicios en los presupuestos de varias dependencias federales.                   

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