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Federico Muller
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28 Septiembre 2018 04:00:00
La economía argentina
Argentina tiene menos de 45 millones de habitantes y una baja densidad poblacional por ser un país con una amplia superficie territorial, características sociodemográficas que se pueden atribuir a la decreciente tasa demográfica que ha tenido a lo largo del tiempo: en 1952 fue de 2.07% y para 2018 disminuyó a 1.04 por ciento. Dispone de los factores naturales e históricos para volver a ser una economía de primer mundo. Además, históricamente las familias han mantenido una firme conciencia sobre la maternidad y paternidad responsables, que irremediablemente en el mediano y largo plazos acelerará el envejecimiento de la población, poniendo en riesgo su sistema de pensiones. La escasa población nativa y los grandes flujos de inmigrantes europeos formaron una cosmovisión sobre la demografía que se distingue desde hace varias décadas de la cultura poblacional del resto de las naciones latinoamericanas, las cuales hasta mediados de los años 70 comenzaron a formular políticas de planificación familiar.

Sin embargo, su economía depende en gran medida de la producción agropecuaria. Las exportaciones agrícolas tienen como destino varios países y entre los productos que más vende están la soja, trigo, maíz, girasol, sorgo y arroz. Hay que recordar que, a principios del siglo 20, la economía argentina ocupaba uno de los primeros lugares a nivel mundial en cuanto a generación de riqueza, incluso su ingreso per cápita no está muy distante de los de Canadá y Estados Unidos. No obstante, la clase política argentina fue incapaz de mantener esa bonanza económica a través del tiempo.

La sociedad ha pasado por dictaduras militares y gobiernos populistas que han descuidado la industrialización de la economía porque el ingreso nacional sigue dependiendo, en gran medida, de la explotación de los recursos naturales y materias primas, que además de generar escaso valor agregado, sus precios son muy sensibles al de los mercados internacionales y a las condiciones climatológicas. La escasa diversificación de la economía, las sequías prolongadas y las equivocadas políticas económicas formuladas por las últimas administraciones públicas han desencadenado una nueva crisis en la economía del país sudamericano.

Desequilibrios en los indicadores macroeconómicos. Hace aproximadamente un par de meses el Gobierno argentino negociaba un acuerdo crediticio con el FMI por 50 mil millones de dólares para cubrir sus compromisos financieros de corto y mediano plazos. La autorización de tal préstamo, que se ministrará paulatinamente según acuerden las partes, implica un severo ajuste en los gastos gubernamentales. Los incrementos en los precios de los servicios, como transporte, luz o gas, han provocado el descontento de la población. El proyecto de ley, que se discutirá en la Cámara de Diputados, busca eliminar el déficit fiscal mediante el recorte de gastos e incrementos en los impuestos durante 2019. Uno de los sectores que tributarán al Estado será el de los exportadores de productos del campo: aunque parezca paradójico, se gravará con impuestos a los empresarios agrícolas más productivos del país, generadores de divisas.

Desde luego, las acciones exigidas por el FMI las resentirá en mayor medida la población más vulnerable económicamente, la cual ha visto cómo la inflación se acelera, situándose en dos dígitos, y la moneda argentina se ha depreciado frente al dólar en alrededor de 50%, desde enero de 2018. Las reacciones sociales no se han hecho esperar. Las protestas han sido desde huelgas generales de los trabajadores hasta manifestaciones callejeras. En México ese tipo de situaciones ya las hemos experimentado; parece ser que la lección ya se aprendió, y en el cambio de sexenio gubernamental las bases macroeconómicas están sólidas.  
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