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25 Junio 2019 04:00:00
La esperanza cruda
Mary Carmen Urrieta.- Me bastó leer la primera página del libro Temporada de Huracanes, de Fernanda Melchor para emprender un viaje que no me dejó en paz en los siguientes dos días.

No conocía la obra de Fernanda, solo escuché de ella hace pocos meses, así que cuando me pidieron que hablara en esta columna de un libro escrito por una mujer creí, y afortunadamente no me equivoqué, de que leerla sería una muy buena experiencia.

Temporada de Huracanes arranca con el hallazgo de un cuerpo en estado de descomposición en un río. Historia que cobra interés al mencionar que se trata de la bruja del pueblo. A los sospechosos los conocemos a medida que avanzan las páginas y sus historias y la manera en que son contadas hacen de esta novela un viaje intenso y muy real.

En mi lectura me topé con un grupo de hombres y mujeres que desde su dolor, ausencias y sueños, construyen sus vidas, mismas que se desmoronan en la búsqueda de su felicidad en medio de un país convulso, violento y acostumbrado a la injusticia.

Viajando en el tiempo me dejé guiar a través de las páginas de esta novela a La Matosa, un pueblo en el que las creencias en el bien y el mal eran, además de cosa de todos los días, la balanza por la que juzgaban a sus habitantes.

En mi lectura me di cuenta de que sería imposible avanzar si me acompañaban los prejuicios, así que opté por dejarlos de lado para conocer a los habitantes de este lugar con la misma fe con la que das la mano a quien te presentan por vez primera y permití que la autora me diera tour por sus vidas.

Así conocí a dos brujas, madre e hija, que vivían en La Matosa, y poco a poco, gracias a descripciones como la de su casa, me trasladé a la cocina, un espacio desde donde la misteriosa mujer “despachaba” con toda clase de pócimas, amuletos y otros servicios, a desesperadas féminas que, ante una posible condena religiosa, la visitaban en busca de ayuda ante casos imposibles, casi siempre relacionados con el amor.

Me adentré en la vida de un grupo de jóvenes que en medio de una realidad sumida en el alcohol, las drogas, el sexo y el vacío emocional, luchan por alcanzar algo, que a veces se disfraza de sueño americano, de trabajo bien pagado sin mucho esfuerzo, de un hombre ideal, de un cofre de monedas antiguas y sucumbe ante la rabia de las malas decisiones.

Como en la vida real y más en provincia, conocer a una persona te relaciona con otras tres, y si hablamos de la evolución de este pueblo y su gente, luego de un fenómeno meteorológico, es fácil conocer cómo a través de miedos y ausencias se conectan en esta novela los adultos y ancianos del ayer con las nuevas generaciones de sospechosos de hoy.

Es fácil juzgar a alguien sin conocerlo, pero ¿qué haces cuando a lo largo de Temporada de Huracanes te acercas a la vida de La Bruja, de Luismi, del Munra, de Norma, de la abuela, por ejemplo? No sé si la palabra indicada sea conmueven, pero sus vidas, pérdidas, vicios y errores, te impactan de manera distinta y te afecta, finalmente, lo que la autora decide para cada uno.

Contada desde un ambiente en el que la miseria, la homosexualidad, la prostitución y las drogas parecieran ser el único camino a tomar, Temporada de Huracanes muestra que, a pesar de todo eso, la esperanza que se esconde entre el fango, da luz a los días de cruda realidad.
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