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Ricardo Alemán
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26 Abril 2019 03:57:00
¡La estupidez como forma de gobierno!
La Real Academia define al “estúpido” como una persona carente de inteligencia, torpe, necio y aturdido.

Por tanto, una “estupidez” es un comportamiento carente de lógica y del más elemental sentido común.

Entre los sinónimos de “estupidez” aparecen “estolidez”, “necedad”, “estulticia”, “tontería”, “imbecilidad” e “idiotez”.

Y viene a cuento la definición del adjetivo calificativo –empleado por lo general de manera despectiva–, porque no son pocos los analistas políticos, opinantes y estudiosos de la nueva realidad mexicana que con frecuencia regresan a dos temas impensables en los gobiernos mexicanos recientes.

El primero tema es el descubrimiento de un lenguaje inusual para referirse al presidente López Obrador, sobre todo en las redes sociales. Cada vez es más frecuente encontrar adjetivos calificativos despectivos de mayor intensidad –más agresivos y ofensivos–, lo que supone que poco a poco se pierde el respeto a la figura presidencial.

El segundo caso es la competencia entre integrantes del partido Morena, el Gabinete presidencial, legisladores, gobernadores y hasta el Presidente, en una suerte de competencia por decir la mayor tontería posible.

Otros escriben que el neogobierno, su partido, legisladores y políticos, “participan en una reñida competencia por decir la mayor estupidez posible”.

Y si no es una competencia por la mayor estupidez, tiene todas las características para serlo. ¿Lo dudan?

1.- Por ejemplo, en días recientes el propio Presidente pareció un activo competidor cuando jugueteó con la posibilidad de que Juan Gabriel aún vive.

2.- Días antes López Obrador había tropezado ante la pregunta de un periodista que rebatió si creía que los ciudadanos que exigen paz y el fin de la violencia criminal “son conservadores”. Ante rostros estupefactos el Presidente dijo que sí, lo que motivó una cascada de burlas porque se entendió que “la paz es fifí”.

3.- Hace horas, legisladores de Morena propusieron la genialidad de que no se venda cerveza fría, para reducir el alcoholismo. Si la cerveza se vende a temperatura ambiente, reducirá su consumo. La paliza no se hizo esperar.

4.- Es un clásico de la estupidez –acreditado a los señores Riobóo y Espriú–, defender un lago inexistente en Texcoco y no ver en Santa Lucía un cerro que elevó en 12% el costo de las pistas.

5.- En su lucha contra los corruptos, el Presidente propuso que los ciudadanos denuncien a sus vecinos ricos, “porque la fantochería de los corruptos los delata”.

6.- El “yo tengo otros datos”, propio de la justificación presidencial para evadir el incumplimiento de sus promesas, ya es etiqueta en redes sociales, tono de celulares, y marca para decenas de memes.

7.- Los legisladores de Morena –diputados federales, locales o senadores–, son particularmente creativos. Una de sus genialidades fue la de proponer que las mujeres se queden en casa, para evitar agresiones sexuales.

8.- Otros promueven una reforma constitucional para que las mascotas puedan heredar los bienes de sus dueños.

9.- También aparecen locuaces senadores de Morena que han propuesto reglamentar la venta de uno de los más típicos alimentos mexicanos: las carnitas, porque son un agravio de la Conquista española a la mexicanidad.

10.- Y no han faltado aquellos carentes del más elemental sentido común que han propuesto incluir entre los delitos federales el de ser un árbitro vendido, que haga ganar a un equipo de futbol mediante malas artes.

Parece infinita la lista de las estupideces dichas por líderes, políticos, legisladores y seguidores de Morena y del Gobierno de López Obrador, que han convertido al poder y la política en una competencia nacional para descubrir al político o gobernante más imbécil.

Y si a eso le agregamos la creciente pérdida de respeto a la figura presidencial –Presidente al que hoy muchos insultan y califican de todos los modos despectivos posibles–, entonces podemos concluir que asistimos a la pauperización de la política y los políticos.

Es decir, nos gobierna el lumpen político.

Al tiempo.
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