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Miguel Badillo
Miguel Badillo
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19 Julio 2010 03:00:44
La fallida Ley
Calderón se encuentra en un callejón sin salida
Ha pasado un año desde que el Senado de la República aprobó el dictamen de la nueva Ley de Seguridad Nacional con la que se le prometió a la población civil regular la discrecionalidad con la que Felipe Calderón ha ordenado la participación de las fuerzas armadas, en particular de los miembros del Ejército, en las labores de combate al crimen organizado.

Los senadores la aprobaron al cuarto para las 12 y en abril del año pasado la entregaron a la Cámara de Diputados apenas 24 horas antes de que concluyera el periodo legislativo. Se dio, entonces, un deslinde y omisión de responsabilidades políticas ante un tema espinoso para el Congreso, para el Jefe del Ejecutivo, para los senadores y, sobre todo, urgente para los mexicanos que han padecido la violencia, la anarquía y el abuso de poder que ha caracterizado a la guerra contra el narcotráfico y la incursión del Ejército en las calles.

Ahora la iniciativa se encuentra prácticamente congelada en la Cámara de Diputados. Concluyeron las elecciones intermedias, se redefinió el nuevo mapa político del país y Felipe Calderón comenzó a liberar sus últimas cartas en una etapa en la que prácticamente se consolida un sexenio perdido y con grandes bajas para el país.

Es cierto que al político michoacano no le favoreció el entorno internacional, pero tampoco él ha hecho algo para remediar las cosas y, por el contrario, las acciones de gobierno han empeorado todo lo que sucede en el país en los terrenos económico, político y social.

Su gobierno coincidió con la crisis económica más profunda de las últimas décadas; también con la disyuntiva que le planteó el Gobierno de Estados Unidos y que él de forma irresponsable y sumisa aceptó sin condiciones: ser el dirigente de una guerra contra el narcotráfico y el crimen organizado que forma parte de las prácticas extraterritoriales que se dictan desde Washington para controlar a la región.

Por eso la Ley de Seguridad Nacional es importante su definitiva aprobación en la Cámara de Diputados y que dé algo de luz al final del túnel. Sin límites que los frene en su actuación hostil hacia la población, ni el Ejército ni el Gobierno de Estados Unidos -si es que acaso sus intenciones pudieran ser consideradas legítimas- pueden proteger a la población. Así, en medio del caos generalizado, se ha presentado esta guerra contra la delincuencia.

El problema ahora es que Calderón se encuentra en un callejón sin salida: necesita legitimar y compartir con el Congreso la responsabilidad de la difícil etapa por la que atraviesa el país. Este sería el objetivo de la Ley de Seguridad Nacional en la que se reconoce que la capacidad de las instituciones del Sistema Nacional de Seguridad Pública han sido rebasadas, por lo que el Ejército “temporalmente” debe participar en auxilio de las mismas, pero que su funcionamiento debe darse en el marco del Estado de Derecho y por ello debe estar debidamente sustentada en su participación legal y regulada.
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