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Inés Sáinz
Inés Sáinz
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03 Noviembre 2009 03:53:12
La generación perdida
Los jugadores que ganaron el Mundial Sub-17 en 2005 recibieron grandes oportunidades, pero con ello se perdió el equilibrio del futbol al no dejar llegar a los que correspondía

No pretendo abusar de la euforia del Día de Muertos, ni descifrar misterios de ultratumba, ni mucho menos adentrarme en enigmas como el del Triángulo de las Bermudas; pero sí pretendo descubrir dónde quedó “la generación perdida”, qué pasó con los futbolistas mexicanos que hoy deberían llegar al Mundial en la plenitud de sus carreras y simplemente no están.

Para ser más clara me refiero a la generación de futbolistas que comprende a los jugadores nacidos entre 1982 y 1985, que para Sudáfrica tendrían la inmejorable edad de 25 a 28 años. No podemos pensar que de pronto esa generación se abocó a practicar un deporte diferente, o que fueron apáticos al futbol. No, realmente hay una razón mucho más de fondo que nos obliga a jugar una Copa del Mundo con una gran brecha generacional.

Mi teoría se desprende desde el glorioso año 2005, específicamente de un evento que nos llenó de gloria a los mexicanos internacionalmente, pero que hoy en día nos está cobrando factura, ocurrió en Perú; y sí, adivinaron, me refiero al título del Mundial Sub-17 que Giovanni Dos Santos, Carlos Vela, César Villaluz y compañía nos regalaron.

Pero tal vez sigan sin entender qué tiene que ver eso con la generación perdida; tiene mucho que ver. En México, el jugador promedio debuta entre los 20 y los 24 años, bastante mayores si los comparamos con los futbolistas brasileños o argentinos. Pero ¿qué ocurrió en ese 2005? Que el futbol mexicano se encandiló con la generación de oro Sub-17, y les abrieron oportunidades que normalmente les hubiera tomado un par de años más, de esta forma se rompió el equilibrio del futbol mexicano, literalmente se saltaron tres generaciones de futbolistas que estaban por obtener su oportunidad y tuvieron que ser relegados o definitivamente renunciar a su sueño al no encontrar un lugar que pudieran ocupar en algún equipo.

No es una crítica, por supuesto que no, la lógica se impuso. Y es sólo hasta ahora cuando lo estamos resintiendo. La Selección Mexicana está compuesta por jugadores de experiencia que en su mayoría alcanzan ya las tres décadas, y por jugadores que no alcanzarían la mayoría de edad internacional (21 años). Por fortuna podemos contar con algunas excepciones como: Memo Ochoa (1985), que había debutado en 2004; Fausto Pinto (1983), que había debutado desde los 17 años en 2001; y Nery Castillo (1984), cuya formación fue ajena al futbol mexicano. Sólo ellos llegan en la edad en la que se considera que el jugador se encuentra en su mejor momento (entre los 25 y los 28 años), y por lo cual tendremos que jugar con la generación mayor, que ya ha dejado atrás su máximo rendimiento, y con la menor, que, por el contrario, aún no alcanza su madurez futbolística.

No es que esté mal, simplemente no tenemos el equilibrio ideal para llegar a la Copa del Mundo de Sudáfrica 2010. Sin embargo, lo misterioso no siempre es sobrenatural, y el técnico Javier Aguirre nos ha demostrado que finalmente encontró la fórmula secreta.

No hay culpables, sólo razones, no cambiaríamos el pasado, pero tal vez nos invita a prestarle más atención al futuro.
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