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Fausto Fernández Ponte
Fausto Fernández Ponte
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Don fausto fernández ponte es poseedor de un impresionante y sólido currículum: 50 años de periodista profesional. Su opinión y columnas periodísticas son respetadas en ese ámbito, por el prestigio que a pulso se ha ganado, es considerado una autoridad en su campo. Además de corresponsal de guerra, ha entrevistado a jefes de estado y de gobierno de la talla de Lyndon B. Johnson, Richard M. Nixon, Indira Gandhi y William Clinton.

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19 Febrero 2009 04:52:44
La gran maestra
La democracia mexicana no resiste el escrutinio: Javier Flores

I

En 1804, la Corona de España impuso a los habitantes de Nueva España una tributación draconiana, trasladándoles las deudas de las guerras con Inglaterra y otras metrópolis europeas. A esos gravámenes se les conocieron como Cédula de Consolidación de Vales.

Esa tributación y endeudamiento de los novohispanos fueron, al decir del historiador y politólogo Miguel Angel Gallo, “una importante causa de la guerra de independencia”, iniciada, como sabríase, con el “grito” de Hidalgo en Dolores, en 1810.

La cédula de consolidación de vales tiene en nuestros días equivalente en los rescates bancarios, carreteros, comerciales, financieros, bursátiles, etcétera, dispúestos unilateralmente y, por lo mismo, con brutalidad, por el poder político del Estado mexicano.

Por ese entonces -hace 205 años- la Nueva España exhibía agitación e inquietud precursora de mutaciones que a la sazón estaban por venir. Seis años después, el pueblo novohispano -en su inmensa mayoría indios y castas- estalló en ira; ésta incendió al país. Barruntos del estallido de esa ira -contenida durante siglos- advirtiéronse no pocas veces y en cada ocasión con mayor frecuencia. Intelectuales como José Joaquín Fernández de Lizardi, entre otros, avisaban de lo que estaba por suceder, la insurgencia epopéyica de Hidalgo y Morelos.

II

Como en 1810 y en no pocas ocasiones en ese mismo siglo y en el 20 el pueblo desató su indignación reivindicatoria y justiciera para desasirse de sometimientos del poder político del propio Estado e intereses extranjeros, hoy esa cólera social exacerbada ya se muestra. La furia societal ocurrente es mucho más que una corajina. Es rabia que ya se va mutando en fiereza, es decir, en violencia, optando el pueblo (o, por lo menos, muchos de sus sectores no necesariamente más progresistas en lo orgánico) por vías distintas a la electoral. Ese es su voto.

Cierto. El proceso electoral ya tiene desenlace, a varios meses de distancia de su realización calendaria convencional. Los transportistas, por ejemplo, ya votaron, con el paro nacional, al igual que los productores de leche y, no se diga, los millones de nuevos desempleados sin esperanza. Ello tiene por contraste doloroso aberraciones jurídicas: los 112 años de cárcel impuestos a Ignacio del Valle por el altísimo sucedido moral -considerado delito grave- de defender el patrimonio de los habitantes de Atenco, Estado de México.

O el reciente fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación conculcando garantías individuales y derechos humanos de los atenquenses y exonerando de responsabilidad penal a los autores intelectuales y materiales de monstruosidades en el ejercicio del poder. O la miríada de acciones cotidianas, claramente ilegales, del Ejército y la Armada y las fuerzas policiacas en agravio de miles de mexicanos. O la violencia económica: más y mayor pobreza e inseguridad social.
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