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Xavier Díez de Urdanivia
Xavier Díez de Urdanivia
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Xavier Díez de Urdanivia es abogado (por la Escuela Libre de Derecho) Maestro en Administración Pública (por la Universidad Iberoamericana) y Doctor en Derecho (por la Universidad Complutense, Madrid). Ha ejercido diversas funciones públicas, entre las que destacan la de Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Coahuila, del que fue Presidente entre 1996 y 1999, y Abogado General de Pemex. Ha publicado varios libros y muy diversos artículos en las materias que constituyen su línea de investigación, e impartido conferencias, seminarios y cursos sobre las mismas. Actualmente es profesor de tiempo completo en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, donde imparte cátedra e investiga en materia de Derecho Constitucional, Teoría y Filosofía del Derecho y Teoría Política. También es colaborador de la página editorial de Zócalo y de Cuatro Columnas (de la Ciudad de Puebla), y lo ha sido del Sol del Norte y El Diario de Coahuila, así como de los noticieros del Canal 7 de televisión de Saltillo, Coah.

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13 Enero 2019 04:00:00
La guardia nacional
Desde sus orígenes, por su misión y funciones, la institución que se conoce como “guardia nacional” es de naturaleza militar. Se llama así al sistema de cuerpos voluntarios -es muy importante destacar esta característica- que con diferentes nombres operan, aun antes de la declaración de independencia de los Estados Unidos de América, en cada uno de los estados de ese país.

Son milicias estatales que se constituyeron en cada una de las trece colonias británicas en América para contar con fuerzas aptas para su defensa frente a los peligros provenientes del exterior.

Fueron reconocidas por la constitución de Filadelfia y hasta nuestros días se conservan. Se engloban bajo la denominación genérica “guardia nacional”, acuñada por Lafayette para referirse al conjunto y se adoptó, oficialmente, por una ley federal de 1903.

El comandante supremo de cada cuerpo es el gobernador del estado respectivo, quien puede convocarla para hacer frente a desastres naturales o disturbios civiles de gran escala, como sucedió en California durante el llamado “Los Angeles riot” de 1992.

Puede ser convocada por el presidente estadounidense para asignarle misiones en el territorio del país o fuera de él, como en efecto ha ocurrido, en casos de necesidad, casos en los que, si la participación es en el exterior, los cuerpos convocados se integran temporalmente a los ejércitos regulares, de los que, por ley, son reserva.

Es precisamente por esta última función que existe, dentro del Departamento de Defensa, una unidad -la Oficina de la Guardia Nacional- que debe ocuparse de la supervisión del sistema, para asegurar el cumplimiento de las normas y los estándares fijados por el congreso federal, así como de supervisar que se haga un uso debido de los materiales, equipos y demás pertrechos suministrados por el Gobierno federal, a quien por ley le corresponde hacerlo.

A cargo de la mencionada oficina está un militar de carrera, con rango de general, pero los miembros de las diferentes milicias integrantes de la “guardia nacional” no son regulares y solo se reúnen, para ejercicios de entrenamiento, los fines de semana y, esporádicamente, por periodos más largos, usualmente no más de una semana.

Ese modelo plantea un instituto complejo, con profunda raigambre histórica estadounidense, no regular, con una misión precisa y sin funciones policiacas, sino militares, que interviene solo en casos extremos de excepción.

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos vigente, como su antecesora de 1857, lo adoptó, mencionando la institución, sin definirla. Ha sido letra muerta por dos principales razones: Porque en México no existían cuerpos como los descritos, y porque nunca fueron creados, seguramente a raíz del riesgo que hubieran representado para la frágil paz interior debida a la volátil situación política de todo el primer siglo de existencia independiente de México.

Las circunstancias de tiempo y lugar en que nació la figura en cuestión explican su génesis y evolución, tanto como justifican su existencia en los Estados unidos, que no son ni remotamente las imperantes en el México de nuestros días, que demandan creatividad informada e inteligente, para diseñar las estrategias adecuadas a la solución de la maraña cada vez más enredada de problemas delincuenciales, es decir, policiacos, no militares.

Impera en México, hace ya varios lustros, una “perturbación grave de la paz pública, o de cualquier otro que ponga a la sociedad en grave peligro o conflicto”, que en los términos del artículo 29 constitucional, amerita la adopción de las medidas de emergencia ahí previstas, pero en lugar de ello, y sin satisfacer los requisitos que ese artículo establece, se ha militarizado la función policiaca y, en los hechos, se han efectuado acciones ilegales que, para peor, no han conducido al resultado apetecido.

Hoy, que se pretende utilizar aquélla figura para satisfacer objetivos distintos de los que le son propios, cabe preguntarse: ¿Hay razón para suponer que el artificio de crear un nuevo cuerpo policiaco, dentro de las Fuerzas Armadas y bajo su mando, bastará para resolver la crisis estructural presente?
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