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Juan Latapí
Juan Latapí
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30 Junio 2019 03:10:00
La guerra del futbol
CUANDO LA RAZÓN PIERDE ANTE la pasión cualquier cosa puede suceder, incluso hasta la tragedia como aconteció hace precisamente 50 años, cuando un simple juego de futbol desencadenó una guerra entre dos países centroamericanos que provocó la muerte de 6 mil personas, dejó 20 mil heridos y 50 mil personas perdieron su casa y sus tierras, tan sólo en cuatro días.

EN LA MAGNÍFICA CRÓNICA DE aquellos sucesos, escrita por Ryszard Kapuscinski, se narra que durante las eliminatorias para la Copa del Mundo de México 70 se enfrentaron El Salvador contra Honduras en la capital hondureña y la noche previa al encuentro los jugadores salvadoreños fueron asediados por una multitud de fanáticos hondureños quienes armaron tremendo escándalo afuera del hotel donde se hospedaban los jugadores duraron toda la noche con tal de no dejar dormir a los jugadores de la selección salvadoreña para que perdieran el partido a celebrarse.

LOS SALVADOREÑOS PERDIERON 1-0 Y cuando en el último minuto de juego cayó el gol de la victoria, una joven de 18 años en la capital salvadoreña se quitó la vida de un balazo al no poder soportar la humillación a la que fue sometida su patria. Al día siguiente, durante el cortejo fúnebre, detrás del ataúd cubierto por la bandera de El Salvador, iban el presidente y sus ministros, los jugadores de la selección de futbol y una muchedumbre; aquel evento tuvo gran impacto al ser televisado en vivo.

UNA SEMANA DESPUÉS, CUANDO SE efectuó el juego de vuelta en la capital salvadoreña, los jugadores de Honduras fueron recibidos de peor manera: tampoco los dejaron dormir durante la noche previa al juego y al día siguiente tuvieron que ser escoltados por el ejército rumbo al estadio ante la rabia de la gente. Al al tocar el himno nacional de Honduras los insultos no se hicieron esperar y en lugar de la bandera hondureña –que previamente habían quemado– se izó un trapo sucio y roto. Obviamente los hondureños, pensando más en salir vivos de aquel lugar que en jugar futbol, perdieron 3 a 0. Pero la peor parte la llevaron los aficionados hondureños: dos resultaron muertos, decenas tuvieron que ser hospitalizados y 150 coches hondureños fueron incendiados.

LA TENSIÓN ENTRE AMBOS PAÍSES aumentó hasta que la aviación de El Salvador bombardeó cuatro ciudades hondureñas mientras que tropas salvadoreñas violaban la frontera con Honduras penetrando al interior. En represalia al ataque del agresor la aviación hondureña bombardeó varios centros industriales y objetivos estratégicos de El Salvador y las fuerzas terrestres emprendieron acciones defensivas. Aquella guerra del futbol duró apenas 100 horas y causó serios estragos en ambos países y aquel juego de futbol solo fue la gota que derramó el vaso de problemas de antaño entre ambos países.

EL SALVADOR ES EL PAÍS más pequeño de América Central y en ese entonces tenía la densidad poblacional más alta de todo el continente y dos terceras partes de la población carecían de tierra mientras que 14 familias poseían grandes latifundios. Esa situación provocó que muchos salvadoreños emigraran a Honduras –seis veces más grande que El Salvador- con grandes extensiones de tierra sin dueño donde los migrantes salvadoreños fundaron diferentes aldeas y vivían ligeramente mejor, hasta llegar a ser 300 mil.

A PRINCIPIOS DE LA DÉCADA de los 60 los campesinos hondureños empezaron a reclamarle a su gobierno les entregara tierras y el gobierno hondureño, mediante una reforma agraria, repartió las tierras que estaban ocupadas por los hondureños, sin tocar los grandes latifundios de la trasnacional norteamericana United Fruit. Esto significaba que 300 salvadoreños debían regresar a su país donde su gobierno se negó a recibirlos, lo que tensó la relación entre ambos países hasta que estalló el conflicto.

HAN PASADO 50 AÑOS Y la situación de miseria en la que aún viven miles de centroamericanos -ocasionada por intereses económicos de unos cuantos- los ha obligado a emigrar por necesidad y no por gusto. Por eso, antes de cerrarle la puerta a los migrantes conviene recordar su situación; se trata tan solo de usar la razón y no dejarse llevar por la pasión, es evitar la deshumanización que se ha ido apoderando de nosotros.
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