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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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07 Agosto 2019 04:00:00
La guerra perdida
La impunidad en México obedece al diseño de la Constitución y de las leyes, cuyo propósito consiste en proteger a los poderes público y económico. El Congreso aprobó reformas propuestas por Andrés Manuel López Obrador para modificar el sistema y atacar la corrupción. Empero, en ocho meses de Gobierno, los resultados de la estrategia contra ese flagelo -núcleo de la campaña presidencial de 2018- han sido pobres o de plano nulos en un país con las peores calificaciones en materia de estado de derecho y transparencia.

«El distintivo del neoliberalismo es la corrupción», insiste AMLO. Implantado hace 36 años, según el Presidente, el modelo comprende cuatro gobiernos del PRI y dos del PAN. Sin embargo, Ernesto Zedillo, sin aspavientos, creó las condiciones para la alternancia, reformó el Poder Judicial y encarceló a Raúl Salinas de Gortari, hermano de su predecesor. Salinas fue enlistado por la revista Forbes entre «Los 10 mexicanos más corruptos de 2013», junto al exgobernador de Coahuila Humberto Moreira.

«Mister ten percent», como era conocido Salinas por las comisiones que cobraba a contratistas y proveedores del Gobierno federal, fue detenido el 28 de febrero de 1995 bajo los cargos de lavado de dinero del narcotráfico, enriquecimiento ilícito y la presunta autoría intelectual del asesinato de su excuñado José Francisco Ruiz Massieu, padre de la saliente líder del PRI, Claudia Ruiz Massieu. El expresidente Carlos Salinas quiso presionar a Zedillo con una huelga de hambre. Finalmente, se autoexilió en Irlanda. Después de 10 años en prisión, Raúl Salinas no solo fue absuelto, también recuperó 19 millones de dólares y 41 propiedades (Forbes, 22.12.13).

Así ha operado siempre el sistema judicial. López Obrador pretende cambiarlo… sin castigar a los corruptos. Ningún presidente había puesto entre rejas a uno de los intocables del régimen como Zedillo lo hizo con Raúl Salinas. Vicente Fox, lo mismo que AMLO, prometió una pesca abundante de corruptos, pero solo encausó a Rogelio Montemayor por el Pemexgate, el cual consistió en el desvío de más de mil millones de pesos a la campaña presidencial de Francisco Labastida, en el año 2000. El exdirector de Pemex fue exonerado, como Salinas, y el PRI multado con mil millones de pesos.

Zedillo -candidato sustituto del PRI tras el asesinato de Luis Donaldo Colosio- es uno de los presidentes mejor calificados; y Salinas, junto con Peña Nieto, de los más repudiados. La corrupción alcanzó en sus gobiernos cotas de escándalo. Zedillo superó el naufragio económico, herencia de Salinas, cuyas consecuencias fueron la crisis bancaria y el empobrecimiento de millones de mexicanos. El rescate de los bancos, a través del Fobaproa, costó al país más de medio billón de pesos.

De los 14 últimos presidentes, Zedillo ocupa el segundo lugar en la clasificación general del portal México Mágico, después de López Mateos, y por encima de Fox. En «desempeño personal», el primero; Felipe Calderón, el segundo; y Lázaro Cárdenas, el tercero. Los primeros sitios del ranking de «desarrollo económico» corresponden a López Mateos, Fox y Ruiz Cortines; y en «desarrollo social», los líderes son Luis Echeverría, López Portillo y López Mateos. A escala mundial, López Obrador es uno de los presidentes mejor evaluados -y el número uno de América-, con una aprobación de 67% (Consulta Mitofsky).
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