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Dalia Reyes
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01 Junio 2019 04:00:00
La humillación duele
Cuando los criminales hacen su aparición, matan sin piedad a policías, queman autos, violentan ciudades disparando contra propiedades, vehículos, personas para mostrar su fuerza ¿Qué cree usted que deben hacer las fuerzas del orden?

Yo no creo deban sentarse a esperar a contar los muertos, mucho menos dejar ir a los delincuentes que han venido a sembrar terror en nuestro país.

Lo hemos observado, los delincuentes no respetan ya a nadie, ni leyes, ni autoridades han logrado frenar la ola de violencia que azota al país.

Cada vez es más frecuente el asomo de criminales en ciudades que han escogido con el propósito de sentar sus reales para imponer su propia ley. La ley del miedo, del terror, de la sumisión, de la complicidad.

Miedo de los ciudadanos que no tienen ningún respaldo de autoridades ya que desconfían de ellas. Terror reflejado en rostros y emociones al ver cuerpos masacrados sin piedad alguna.

Sumisión de algunas autoridades a quienes la criminalidad ha comprado o amenazado y complicidad de un pueblo que defiende a los criminales y ofende a policías y al mismo ejército.

La fotografía que ha circulado recientemente, así como un video mostrando a militares retenidos en Michoacán ha causado verdadera molestia. ¿Cómo es posible que digan que el “pueblo” es quien reclama armas decomisadas por el ejército? ¿Cómo es posible que el supuesto “pueblo” retenga a militares y los ofenda como lo hicieron?

Uno de los militares habló por teléfono con su superior, aparentemente un Teniente Coronel para informarle la situación que estaban viviendo él y sus compañeros: “Quieren las armas de ellos, el Barret, todo lo que traían las personas estas, la camioneta, todo”

Lo interesante del caso es que quienes retenían a los militares se identificaron como “gente del pueblo” al reclamar las armas que supuestamente personal de Sedena les quitaron.

Con tono amenazador exigían la devolución del armamento incluyendo por supuesto el fusil de asalto Barret que es utilizado para atravesar blindajes.

“No somos gente armada, somos el pueblo y estamos esperando las armas, por favor” dijo quien hablaba con el teniente coronel.

¿Cómo? Dicen ser gente del pueblo y aseguran no estar armados. En cambio reclaman armas que aparentemente el ejército les decomisó. No entiendo

Como si fuera poco, se observa en el video el comportamiento de una mujer quien, alterada reclama a los militares el haber disparado contra un menor.

Nadie en su sano juicio va a creer que sea verdad lo que la mujer asegura. Y no se cree por una sencilla razón: Los militares no disparan a la población; están para proteger al pueblo.

Lamentablemente, la posición en que los han colocado en esta lucha desigual contra la delincuencia es verdaderamente inaceptable. Los hemos visto “tragarse” su coraje, su propia indignación ante las frases humillantes de personas que arremeten contra ellos y defienden a delincuentes.

Menciono como lucha desigual, ya que por una parte tenemos a Derechos Humanos, impidiendo actuar a las fuerzas armadas como deberían hacerlo en el combate a la delincuencia y por otro a una parte del pueblo defendiendo a criminales.

La ONU a través de la Comisión de Derechos Humanos, ha venido a entorpecer las labores de la policía y por supuesto de los militares. Pretenden que con buenas intenciones o buenas maneras, compongan una situación de violencia que está fuera de control desde hace mucho tiempo.

La mujer que aparece en el video reclamando a los militares por qué razón dispararon contra un menor, debería ser castigada.

Primero, por mentir y acusar porque nadie le disparó a un niño. Y segundo porque a lugares inseguros como marchas, plantones o posibles enfrentamientos, los menores no deben acompañar a sus padres.

Por lo tanto, los padres del menor que resultó herido accidentalmente, deberían ser castigados por su irresponsabilidad al exponer a su hijo en un enfrentamiento como el que sucedió en Michoacán.

Si los ataques injustificados contra las Fuerzas Armadas y Marina, cuyos elementos exponen su propia vida en el combate, molestan, imaginemos la humillación a que fueron sometidos los militares, fueron retenidos por individuos que reclamaban el armamento que les fue decomisado.

La humillación duele, porque se sienten atados de manos para actuar como deberían hacerlo. Por eso ya es hora que Derechos Humanos deje actuar a quienes con valor están combatiendo a las bandas criminales. Ese será tema para una futura colaboración.

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