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JC Mena Suárez
JC Mena Suárez
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29 Noviembre 2018 04:01:00
La ilusión es un viajero
Hay un marinero en la vida de un trabajador que dos veces al año toca puerto para estar con su familiar de visita, aunque sólo un breve tiempo porque se tiene que ir por los compromisos adquiridos. Las utilidades y el aguinaldo son ese marinero que cada año llega al puerto de un trabajador, quien con una ilusión perdida lo tiene por breve tiempo en sus manos.

Lo duro de la vida económica, sobre todo en los últimos tiempos, hace que haya una efímera ilusión de que se tiene ese dinero para concretar planes.
Así, cada que las utilidades llegan a las manos del trabajador, ya están comprometidas en el gasto que se hará en la fiesta de fin de cursos, los pagos de inscripción a la escuela, cuotas y demás pendientes económicos.

Algunos que han logrado ser disciplinados en su gasto pueden destinar recursos para terminar un cuarto de su casa, concluir el baño, dar el enganche de un auto o bien comprar uno con lo que ya tienen, pero nunca están en la posibilidad de ahorrar. Y no es que no quieran o tengan una mala educación financiera, pero su dinero y el dinero que todos tenemos en nuestras manos tiene cada vez menos valor por la inflación.

Luego llega diciembre y en nuestras manos está un beneficio económico largamente acariciado a lo largo de 12 meses de intenso trabajo en la empresa, pero en nuestras manos ese dinero producido a lo largo de un año se irá en menos de 15 días porque empezaremos a destinar recursos a la compra de regalos, cena, adquisición de ropa, calzado y electrodomésticos. Otro de los grandes propósitos y recomendado por los especialistas financieros es pagar las deudas contraídas en tiendas comerciales o la tarjeta de crédito.

Así, el aguinaldo es una golondrina invernal que sólo un breve, brevísimo, tiempo está en nuestras manos porque antes de que lo recibamos ya está comprometido, igual que las utilidades. Entonces qué nos queda a la clase trabajadora por hacer con el dinero que resta: comprar las migajas, los saldos, la ropa usada, la ropa de pacas, ropa nueva con pequeños defectos...

Las condiciones económicas vigentes representan un duro golpe para las finanzas personales: gasolina en 20 a 21 pesos, electricidad con un alto costo, rezago en el poder adquisitivo y una alta inflación, y el gas -otro elemento vital para nuestra vida- también encarecido.

En fin, todo parece una conspiración, un complot para anular y quitar de nuestras manos ese marinero viajero que va de puerto en puerto y que se llama utilidad y aguinaldo, que se convierte en un largo suspiro de resignación ante su partida.
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