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Luis Carlos Plata
Luis Carlos Plata
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Luis Carlos Plata (Saltillo, 1984) es abogado (UAdeC), maestro (UPF, Barcelona) y candidato a doctor (URV, Tarragona), pero practica el periodismo desde hace 17 años, y su trabajo de investigación le ha merecido premios estatales e internacionales. Ha sido articulista de catorcenarios, revistas y periódicos del norte del país desde 2002, además de fungir como director editorial de medios de comunicación en Veracruz.

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19 Enero 2020 04:08:00
La Laguna como estado 33, o el abismo; el falso dilema
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Desde que Porfirio Muñoz Ledo, el decano de la política nacional, dejó la presidencia de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados en septiembre de 2019, se ha convertido en un cabildero del “Estado Libre y Soberano de La Laguna”, a integrarse por 14 municipios de Durango y 6 de Coahuila.

En octubre de 2019, por ejemplo, participó desde Torreón en un foro donde puso el tema en la agenda pública otra vez. Luego, a raíz de la tragedia ocurrida en el Colegio Cervantes a principios de año, retomó el asunto en la sesión de la Comisión Permanente celebrada el pasado 15 de enero. No fue un punto de acuerdo ni una iniciativa de ley, sino un pronunciamiento desde la tribuna con el ánimo de comunicar sus intenciones.

Crear un estado nuevo es posible aún en 2020. El Artículo 73 de la Constitución contempla un supuesto para formar una entidad federativa que, en este caso, sería la número 33 en el país: más de 120 mil habitantes y “elementos bastantes para proveer a su existencia”. Aunque no es tan sencillo.

Luego requiere la opinión del Presidente de la República, aprobación de por lo menos 21 legislaturas locales y dos terceras partes de las Cámaras de diputados y senadores. De obtenerse, habría que establecer después un Congreso Constituyente, aprobar su propia Constitución Política y convocar a elecciones para los cargos que sean necesarios.

Pese a tratarse de un tema cíclico que prende cada cierto tiempo en la opinión pública, el último antecedente formal del Estado de La Laguna data del 8 de marzo de 2007, cuando en la Cámara de Diputados (presidida entonces por Jorge Zermeño Infante, actual Alcalde de Torreón) se tramitó la iniciativa del también diputado federal por el PAN, Carlos Augusto Bracho González.

Previamente, en 1997, había propuesto lo mismo un legislador del Partido Social Demócrata, y en 1990 un representante del Partido Auténtico de la Revolución Mexicana. Ninguna de las tres avanzó de la Comisión de Puntos Constitucionales.

Por eso llama la atención el momento escogido y los argumentos esgrimidos para la secesión política y económica de Coahuila y Durango. En específico la intención de mecer la cuna exaltando el sentido de pertenencia.

El diagnóstico de Muñoz Ledo se resume con tres premisas: una “disminución enorme de servicios públicos del Estado”, “debilitamiento del sistema educativo”, y “carencia prácticamente de policías” atribuibles, por supuesto, a Coahuila y Durango.

En 2020 ninguna de las tres se sostiene con datos, no obstante. “No podemos seguir arrastrando las divisiones territoriales que ni siquiera han sido buenas; tenemos que regionalizar de otra manera el país”, afirmó.

Entre 2013 y 2015 la asociación civil ELLA (presidida por Pedro Luis Martín Bringas, integrante del Consejo Administrativo de Soriana) gestó el último movimiento separatista relevante, fincado en simbolismos (un “despertar”, “por tus hijos”), apelando a una presunta superioridad moral que concede vivir en La Laguna: un paraíso idílico sin corrupción, pues esta radica en Saltillo y Durango, las capitales del centralismo.

La causa original, sin embargo, se diluyó poco a poco y ELLA terminó demostrando abiertamente su afinidad al PAN y sus candidatos. En Twitter su última publicación data del histórico 1 de julio de 2018. Al respecto hay un libro que describe de forma magistral el fenómeno pese a que no habla de México y además es de 1920: “España invertebrada”, de José Ortega y Gasset.

“Unos cuantos hombres, movidos por codicias económicas, por soberbias personales, por envidias más o menos privadas, van ejecutando deliberadamente esta faena de despedazamiento nacional, que sin ellos y su caprichosa labor no existiría” (…) “En estos movimientos, que son mecánica de masas, lo que se dice es siempre mero pretexto, elaboraciones superficiales, transitorias y ficticias, que tiene solo un valor simbólico como expresión convencional y casi siempre incongruente de profundas emociones, inefables y oscuras, que operan en el subsuelo del alma colectiva”, escribe el español.

Por lo demás, el plan se alienta mediáticamente desde Torreón pero no con la misma fuerza desde Gómez Palacio. Y no es un asunto que competa solo a laguneros, sino también al resto de coahuilenses, ya que sujetos activos y pasivos por igual son parte.

Pregúntese usted qué opinión tiene alguien de Saltillo, Monclova, Piedras Negras o Ciudad Acuña. ¿Querría un habitante de aquellos municipios que una parte de ‘su’ estado ya no sea considerada Coahuila sino La Laguna?

Vuelvo a Ortega y Gasset para explicar ese constructo cultural de los laguneros: “no consideran necesario esforzarse en persuadir a los demás; les basta con proclamar, con ‘pronunciar’ la opinión de que se trata”.

Ahora bien, de acuerdo con estadísticas del Inegi publicadas el 16 de diciembre de 2019, en 2018 aportó Coahuila el 3.8% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional, y Durango el 1.2 por ciento. Es decir, entre ambos alcanzan el 5% del total.

Cito un ejemplo: ¿qué pasaría con la deuda de Coahuila en el supuesto de consumarse la secesión? Como ente jurídico, el Estado seguirá debiéndole a los bancos hasta el año 2048 independientemente de que le sea extirpada una región entera.

Al independizarse seis municipios (Torreón, Viesca, San Pedro de las Colonias, Matamoros, Francisco I. Madero y Parras de la Fuente) la entidad, como parte de la Federación, dejaría de recibir alrededor de una tercera parte de su presupuesto de egresos anual. Eso significaría pasar de 50 mil millones a 30 mil. Desde luego también desaparecerían sus obligaciones con la Región, materializadas en dinero. Pese a no sufragarlas y no tener ese gasto, el balance final es negativo. A la luz de lo anterior pareciera más bien un propósito no con el ánimo de fortalecerse, sino debilitar a Coahuila y Durango en un solo movimiento. Destruir construyendo. Espoleado por el sentimiento de relegación convertido en resentimiento.

Ortega y Gasset lo define como “instinto de particularismo”, un fenómeno donde cada grupo deja de sentirse a sí mismo como parte, y en consecuencia deja de compartir los sentimientos de los demás. No le importan las esperanzas o necesidades de los otros y no se solidarizará con ellos para auxiliarlos en su afán.

En cambio, la hipersensibilidad para los propios males es característica de este estado social. Separatismo es, ante todo, pesimismo.

Si partimos de la premisa que La Laguna fue un tiempo la región más perfecta que luego declinó en pertinaz decadencia, equivale a pensar que como pueblo ya tuvo su hora mejor y se halla en irremediable decrepitud. Ahí se finca la falacia del Estado LALA.


Cortita y al pie

Si bien es gobernada por el PRI en Coahuila y el PAN en Durango, el futuro político de La Laguna está en las manos de Morena. A nivel federal, el partido del Presidente tiene mayoría en ambas cámaras

–con representantes en Coahuila y Durango– y en el ámbito local gobierna Gómez Palacio, Matamoros, Francisco I. Madero y Parras de la Fuente, pese a no ser el grupo parlamentario predominante en ambos congresos estatales.

En entrevista para Milenio, Muñoz Ledo afirmó que “hay que empezar el movimiento porque ya se nos hizo tarde. Es un trabajo serio y formal que puede durar tres o cuatro años. En La Laguna no deben doblar las manos y echarlo en saco roto” (16/01/20).

No obstante proyectos para transferir competencias que se podrían llegar a equiparar, como la propuesta de trasladar la sede de las secretarías federales de la CDMX a los estados, han sido abortados por las dificultades que suponen.


La última y nos vamos

A raíz de la reciente tragedia que puso a Torreón los reflectores nacionales, cámaras empresariales y organizaciones civiles emitieron un pronunciamiento: “La Laguna nos une”.Naturalmente los laguneros tienen el derecho a reivindicar su pertenencia. No se sienten coahuilenses ni duranguenses y nadie les puede negar o reducir ese carácter.

Tampoco se trata de adoctrinarlos para que cambien de parecer, sino de comprender esa desafección cultural. Y aprender a vivir con diferencias pero en comunidad. Entender, no juzgar a priori. En pleno 2020 recordarlo pareciera increíble, y sin embargo es necesario.
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