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Juan Latapí
Juan Latapí
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26 Mayo 2019 03:10:00
La Ley de Uso de la Fuerza
TODOS LOS HEMOS VISTO ALGUNA vez abusando de la fuerza con toda prepotencia, sin criterio, sin respetar edades y muy a menudo infringiendo la Ley, ensañándose contra cualquiera y con el rostro cubierto, se sienten intocables por pertenecer a la fuerza de seguridad pública de Coahuila, todo esto bajo el pretexto de preservar la seguridad.

ANTE ESTOS ABUSOS QUE SE dan a lo largo y ancho del país, y con la supuesta finalidad de establecer las reglas generales sobre cómo deben actuar todos los policías de México, -así como los elementos de la Guardia Nacional y de las fuerzas armadas que participan en seguridad-, el martes pasado el Senado de la República avaló la Ley sobre el Uso de la Fuerza. Y aunque en esta ley existen aspectos positivos como la inclusión de principios internacionales en la materia; la determinación de los niveles del uso de la fuerza; la obligación de agentes policiales de emitir informes sobre el uso de la fuerza que realicen, así como de la planeación y estrategias de los operativos, sin embargo existen diferentes inquietudes ante esta nueva ley.

EL COLECTIVO FRENTE POR LA Libertad de Expresión y la Protesta Social –a través de Artículo 19- externó su preocupación de que esta ley mantenga una perspectiva de control de multitudes y no de facilitación y protección del ejercicio de derechos humanos en el marco de manifestaciones y reuniones. También, aunque dicha ley prohíbe el uso de armas de fuego o letales contra “manifestaciones o reuniones públicas pacíficas con objeto lícito”, resulta problemática la definición del “objeto lícito” de las manifestaciones así como la facultad discrecional que se les confiere a las autoridades policiales para hacerlo. La expresión “objeto lícito” hace suponer que existen manifestaciones que no cumplen con ese requisito, como si existiera una manera de medir el grado de licitud que pudiera tener una manifestación que aún no se ha llevado a cabo.

ASÍ MISMO –SEGÚN EL TEXTO publicado en Artículo 19- hay aspectos que se omiten en dicha ley como la obligación de los agentes de policía de portar su uniforme con identificación clara y el registro previo de armas e instrumentos que se utilizarán en los operativos. Un pendiente de especial relevancia es la creación de un órgano independiente de supervisión ciudadana de la actuación policial.

ESTA NUEVA LEY QUE APLICA para todas las fuerzas de seguridad pública del país señala que la responsabilidad en el uso de la fuerza –y los excesos si se presentan- competen tanto a los elementos que directamente la ejercen así como a sus superiores jerárquicos cuya responsabilidad deberán asumir cuando sus subordinados incurran en abusos y no lo impidan o denuncien.

UN ANÁLISIS DE ESTA LEY, publicado en el portal Animal Político, señala que se contemplan cinco niveles de uso de la fuerza, desde la mera presencia de la autoridad, pasando por la persuasión verbal hacia un agresor o infractor, hasta el uso de la fuerza letal que pueda matar a la persona a la que se enfrenta.

Este uso de la fuerza debe ser proporcional al nivel de resistencia que muestre el agresor. El uso de fuerza letal debe corresponder a una amenaza letal inminente como el apuntar con un arma de fuego o amenazar con un arma punzocortante a un agente de la autoridad o a una víctima.

ESTA LEY NACIONAL SOBRE EL Uso de la Fuerza señala que las instituciones deben contar con elementos aptos y capaces de acuerdo a lo que ya Ley del sistema Nacional de Seguridad Pública, y deben ser evaluados periódicamente. La capacitación de los agentes deberá ser de acuerdo a los estándares nacionales e internacionales que van desde la doctrina policial hasta el manejo de multitudes y el respeto a los derechos humanos.

A PESAR DE LAS OMISIONES e indefiniciones de esta nueva ley aún está por verse su cabal cumplimento, empezando por la policía estatal de Coahuila que se ha especializado en maltratar borrachos trasnochados, parejitas ardientes, raterillos de poca monta y hacerle montón a todo aquel que les parezca sospechoso. A veces ya no sabe uno en manos de quién está.
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