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Fausto Fernández Ponte
Fausto Fernández Ponte
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Don fausto fernández ponte es poseedor de un impresionante y sólido currículum: 50 años de periodista profesional. Su opinión y columnas periodísticas son respetadas en ese ámbito, por el prestigio que a pulso se ha ganado, es considerado una autoridad en su campo. Además de corresponsal de guerra, ha entrevistado a jefes de estado y de gobierno de la talla de Lyndon B. Johnson, Richard M. Nixon, Indira Gandhi y William Clinton.

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06 Mayo 2010 04:00:02
La Ley SB1070…
La llamada “Ley Arizona”, mediante la cual se penaliza la condición migratoria indocumentada de los mexicanos en territorio arizoniano, vecino al del estado de Sonora, debe ser situada en varios planos de comprensión para enfrentarla.

Esos planos serían los de contextualización –es decir, historicistas, para el conocimiento cabal y dimensional del fenómeno migratorio y sus secuelas- para su análisis objetivo, del cual se desprendan propuestas de solución.

El primer plano –en el que incursionó desde Alemania el presidente de facto Felipe Calderón– es el reactivo determinado por la enorme diversidad de aspectos, facetas e intereses creados de la relación bilateral México-USAmérica y equilibrios inherentes.

En ese sentido, antójase obviedad que la citada legislación alteró el equilibrio coyuntural bilateral –sustentado en contractualismos flexibles de entendimientos implícitos/explícitos– pues su secuela ha sido no sólo política, sino moral y ética.

Y más allá: desde la perspectiva del marco constitucional USAmericano, la legislación arizoniana contraviene imperativos prescriptivos de potestades de los Estados adheridos a la Unión. Constitucionalmente, la “Ley Arizona” es inviable. A los componentes políticos, morales, éticos y legales –constitucionales— añádase el siguiente: la frustración del poder político republicanista (del Partido Republicano) en Arizona acerca de lo que percibe como inacción del Gobierno federal democratista.

Esa inacción del Gobierno federal gringo en materia de emigración mexicana e inmigración no es del todo tal, pues deviene de la naturaleza misma del proceso político USAmericano y el ejercicio del poder formal. Cogollo de ello es la demagogia.

Esa naturaleza se distingue por la amplísima fragmentación del andamiaje de la toma de decisiones políticas, derivada del espectro de intereses creados que representan los personeros del poder político. Muchos de esos intereses creados son muy locales.

En Arizona no todos sus habitantes están a favor de la legislación que se comenta; de hecho, los sondeos realizados arrojan pareceres antipodales en igual proporción, ligeramente a favor de derogar la legislación. Pero los demagogos quieren linchamiento.

Y los mexicanos indocumentados son el proverbial chivo expiatorio y, bajo esa guisa, expulsarlos a patadas de Arizona. El fuego atizado es uno nutrido por el temor yacente en la psique colectiva de no pocos arizonianos de la mexicanización de Arizona. Y por mexicanización entiéndase morenez –etnicidad– y cultura y todo lo que a esas peculiaridades se asocia, incluyendo el estilo de vida y la cosmovisión y los imperativos de la geopolítica determinados, en su turno, por los de la geoeconomía hegemonista.

Así accedemos a otro estadio del fenómeno, el que se representa en el plano de la realidad vera –válgase la redundancia— de las causas estructurales y superestructurales de la emigración y su secuencia insoslayable, los inmigrados en USAmérica.

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