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Jorge Castañeda
Jorge Castañeda
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19 Diciembre 2018 04:04:00
La lógica del presupuesto: ninguna
Ya hubo presupuesto, y por fin, una medida muy aplaudible de la 4T: el aumento de los salarios mínimos nacionales y en la zona fronteriza. Lo salarios mínimos, tan modificables por decreto hoy que se incrementan como hace 30 años cuando se congelaron, podrán afectar a más o menos mexicanos. Pero ya era tiempo que su piso se elevara, y que los empresarios nacionales y extranjeros, en el interior de la República y en la frontera norte, asuman el precio de un poco de justicia. Habrá costos que pagar; valen la pena.

El presupuesto es otra historia. A reserva de los análisis minuciosos que los expertos internos y externos harán en los próximos días, ya no de la carátula de las leyes de ingresos y egresos, sino del detalle, ofrezco una primera interpretación de lo que hay detrás. Básicamente, nada.

En efecto, a pesar de que muchos colegas y especialistas más autorizados que yo han sugerido que el presupuesto refleja una o varias lógicas, correcciones, virajes o cambios paradigmáticos, creo que cualquier filosofía que se quiera buscar más bien brilla por su ausencia. No es asistencialista, ni prudente, neo-liberal o austero, mañoso o transparente. Es el producto de dos deseos de López Obrador, que tiene la fuerza para lograr alcanzarlos... a medias.

Primer deseo: cumplir con sus promesas de campaña, o por lo menos en una parte significativa. No importa que unas sean sensatas –elevar la asignación para adultos mayores–, dudosas –apoyo a los ninis y becas para preparatorianos–, o absurdas –refinería, Tren Maya, sembrar arbolitos–. Lo importante es que esas son las propuestas o prioridades que a él le gustan, y esas se van a plasmar en el presupuesto, si no por completo, por lo menos buena parte. Ya varios comentócratas han señalado que del total del costo de los diez proyectos –500 mil millones de pesos– sólo se consiguieron recursos por la mitad. No queda claro el costo real de la reducción del IVA y del ISR para personas morales en la franja fronteriza; si Hacienda miente cuando lo estima en 42 mil millones y resultan ser 120 mil millones, el costo será ligeramente superior. Huelga decir que los recursos para financiar estos gastos no provienen del ahorro de sueldos de secretarios de Estado, de la supuesta venta del avión presidencial, del cierre de Los Pinos ni de andar en Jetta. Proviene de recortes de otros gastos.

Segundo deseo: conseguir el dinero sin impuestos o deuda sino con puros recortes. Recortes realizados con la misma lógica que los proyectos: ninguna. Ni el tren, ni el aeropuerto de Santa Lucía, ni el tren del Istmo, ni los precios de garantía surgen de una idea que vaya más allá que las ocurrencias de campaña. Los recortes, tampoco. Propongo pensar que AMLO procedió él mismo a meter tijera al presupuesto de egresos, o dio instrucciones para que sus colaboradores lo hicieran... como pudieran o quisieran.

Esto es lo único que explica que se hagan recortes absurdos, sin ningún sentido –diabetes, inglés, FONDEN, SAGARPA– otros más o menos coherentes –SEGOB, CONACYT (unas becas por otras)– y otros que fueron, según los funcionarios, simplemente errores. Van dos en dos días: el recorte a los consulados de la SRE y a la protección de mexicanos en el exterior (Ebrard ya dijo que no puede ser) y las universidades. El propio Presidente reconoció que cometió un error, y que dizque lo va a rectificar. La única lógica que explica todo esto es la total ausencia de lógica.

Ahora bien, con el paso de los días y las horas, seguramente irán apareciendo más errores, más reculadas, o en buen español, más osos y más trampas. Unas surgirán del lado de los ingresos –tal vez sí haya un aumento de impuestos para algunos– otras del lado del gasto –erogaciones no previstas, mal calculadas o sencillamente olvidadas. Lo que no emergerá de todo esto será un plan conceptual: redistribuir riqueza, aumentar el gasto social en general, invertir en infraestructura, todo ello sin ocurrencias, y financiado como Dios manda: con impuestos, unos y otros. Así sucede en los países modernos y democráticos; el de la 4T no parece ser ni lo uno, ni lo otro.

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