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Ricardo Alemán
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07 Mayo 2019 03:50:00
¡La marcha y los lopistas enojados e intolerantes!
El signo que distinguió la movilización del pasado domingo no fue el número de participantes y tampoco la potencia del sonoro “¡fuera, fuera, fuera!” que le recetaron muchos de los protestantes al Presidente.

No, los signos fueron lo temprano y reiterado de la protesta, la creciente pérdida de credibilidad en el nuevo Presidente –apenas con cinco meses en el Gobierno–, y el enojo e intolerancia de los lacayos de López Obrador.

Incluso algunos de esos mozos de espuelas llegaron al extremo locuaz de calificar como “antidemocrática” y hasta “golpista” una de las más saludables expresiones democráticas; la protesta callejera, en tanto que otros de plano “desbarraron” al cuestionar el color de la piel de los manifestantes y su estatus social, como si los derechos ciudadanos fueran distintos entre los diferentes en nivel social y color de piel.

En el primer caso, pocos se han percatado de que la del domingo 5 de mayo fue la tercera manifestación en protesta por las decisiones equivocadas del presidente Obrador. Y ese, precisamente, fue el primero de los signos que distinguió la marcha; que las protestas se produjeron desde antes de la toma de posesión, lo cual confirma un Gobierno fallido desde su arranque mismo.

¿Por qué la protesta social cuando el mandato de AMLO era “nonato”? ¿Por qué a dos, tres y cinco meses de iniciado? La respuesta la conocen todos. Porque el de Obrador es un Gobierno que no cumplió la elevada expectativa que le vendió al elector; porque hoy son más los mexicanos pobres, más los desempleados, los sin techo, los sin futuro, los secuestrados, robados, despedidos del sector público; porque hoy es mayor la inestabilidad política y económica y en general, porque estamos peor que cuando estábamos peor.

Y los sondeos de opinión confirman lo que en todo el mundo es ley; que un Gobierno que no cumple lo que ofrece y que no es productivo, es un Gobierno que no es plenamente legítimo; es un Gobierno que poco a poco se derrumba a los ojos ciudadanos.

Es decir, el ejercicio del poder desgasta profundamente y el ejercicio equivocado del poder desgasta totalmente. Y si lo dudan, esperen ver en dos o tres años si no las protestas serán generalizadas. El segundo signo es precisamente ese, el ánimo reiterado de la protesta ciudadana.

Y es que también muy temprano –a días de la victoria electoral de AMLO–, los ciudadanos se percataron de que los partidos opositores están convertidos en pesados fardos; sin posibilidad alguna de reaccionar frente al poder absoluto de Obrador.

Por eso, ese formidable anticuerpo ciudadano llamado “sociedad civil” reapareció saludable y potente y está en donde debe estar; en la calle, en la trinchera de la protesta, para defender los derechos y las libertades; en la primera línea del rescate de la democracia que Obrador amenaza con destruir.

Sólo basta recordar que en la segunda mitad del siglo pasado, esa misma sociedad civil empujó el nacimiento del PAN y del PRD –entre otros partidos–, que hicieron posible la caída del viejo PRI y la llegada de la democracia, la pluralidad y la libertad de expresión.

Por eso llama poderosamente la atención el tercero de los signos que distinguió la movilización ciudadana del pasado domingo. Nos referimos a la epidemia de intolerancia y estupidez, que lo mismo picó al secretario Javier Jiménez Espriú, que a legisladores y “periodistas” aplaudidores de AMLO.

La intolerancia y la estupidez fueron tales que en una fea muestra de racismo no pocos lacayos lopistas cuestionaron que los manifestantes hayan sido ricos, de clase media alta y hasta que todos tienen la piel blanca. Alguno que otro de esos imbéciles se quejó, incluso, de que esos manifestantes “blanquitos” –muy prieto él– no hayan protestado por los 43 y por otras tragedias sociales.

Lo cierto es que el maniqueísmo, el racismo y el fanatismo enfrentaron a los contrarios en la lucha no de clases sino de las redes; antes, durante y después de la marcha del pasado domingo.

Sin embargo, los lacayos de AMLO fueron abandonados en la plaza pública cuando, inesperadamente, una luz de sensatez iluminó a López Obrador quien, en la mañanera de ayer, terminó por aplaudir la marcha. Y apenas es el inicio de un sexenio de protestas. Y es que el de López Obrador es ya un Gobierno fallido, les guste o no a sus lacayos.

Al tiempo.
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