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Macario Schettino
Macario Schettino
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Doctor en Administración, candidato a doctor en Historia. Es profesor en la división de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey. Ha publicado 15 libros, el más reciente: "Cien años de Confusión. México en el siglo XX", con Taurus. Su columna consiste en análisis sencillos de fenómenos económicos y financieros.

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26 Marzo 2010 03:23:17
La mayoría del miedo
Puesto que el problema es que no se puede llegar a acuerdos, la solución es imponer una sola visión. Eso es lo que propuso el gobernador Peña Nieto en estas páginas, ni más, ni menos. Y a su favor se han inclinado algunos que promovían la reforma política enviada por el presidente sólo un par de semanas antes. Intelectualidad de veleta, parece.

La imposición de una sola forma de ver las cosas suele resultar muy costosa. A nosotros nos costó mucho, un siglo perdido. Hay quienes creen que es peor la indecisión de los últimos diez años, y prefieren por ello regresar al pensamiento único. Y ajustan el propio para que coincida.

Pero en realidad el asunto es más grave, porque el problema no es ése. No es que no se puedan construir acuerdos por una falla institucional. Aunque sin duda podríamos tener un tramado institucional que favoreciese la negociación, insisto en que lo que está detrás es un conflicto entre dos formas de ver el mundo. En los hechos, aunque tengamos tres partidos somos bipartidistas: los que quieren regresar a lo conocido y los que quieren avanzar.

Puede resultar sorprendente que alguien quiera regresar a un régimen autoritario, corporativo y corrupto, pero así es. Millones de mexicanos siguen creyendo que se vivía mejor entonces, en parte porque ya no se acuerdan (o no lo conocieron), y en parte porque así es la fe cuasireligiosa que logró imbuir el régimen de la Revolución en sus súbditos-feligreses. Tantos como son, ya no alcanzan a ser la mayoría, y por eso la insistencia de su precandidato en que el control legislativo se lo dé la chicana jurídica.

Hoy son mayoría los que no quieren regresar al experimento de la economía mixta, del autoritarismo político, de la administración de la delincuencia organizada. Pero esta mayoría no tiene una idea común. No la puede tener porque a su interior están las diferentes opciones que una nación moderna tiene, el universo político de las democracias occidentales, con su izquierda y su derecha. Pero para que estas posibilidades aparezcan es necesario primero que lo antiguo termine de irse. Por eso no era buena idea negociar con ese pasado la construcción del futuro, como es evidente diez años después.

La propuesta de otorgar mayoría artificial a una fuerza política tiene como objetivo bloquear esta posibilidad. Puesto que quienes quieren avanzar están más dispersos, lo que se busca es aprovecharlo para intentar la restauración. Porque no es otra cosa lo que puede esperarse del priísmo agrupado en torno a Peña Nieto y Beatriz Paredes. Lo han dicho con toda claridad: nada de reformas fiscales, laborales, energéticas. Es más, ni siquiera reforma política, salvo la mayoría artificial, que esperan ganar con lo que queda de nacionalismo revolucionario.

Son congruentes, no cabe duda, porque las reformas que hoy niegan las han negado siempre. Desde 1965, cuando el país ya no daba para más, se negaron a modernizarlo. Para ello ejercieron la represión contra quienes fuese necesario, endeudaron al país hasta ponerlo al borde de la insolvencia, y compraron las voluntades de millones de mexicanos a costa del deterioro universitario y el gigantismo estatal. Pudieron salvarse del repudio y la destrucción gracias a que encontramos petróleo para pagar ese endeudamiento y para sobrevivir unos años más. Estuvieron a punto de acabar con el país, y hoy quieren intentarlo de nuevo. Y para no fallar, quieren una mayoría en el Congreso.

La virtud de la democracia es precisamente la pluralidad, y ése es el valor que debemos defender. Argumentar que es necesario acabar con ella a cambio de decisiones es una tontería suprema. Llevamos 45 años sin tomar las decisiones, más de treinta de ellos bajo un régimen autoritario que tenía mayoría absoluta y calificada, y diez bajo un intento de transición pactada infructuoso. No me digan que lo que se necesita ahora son mayorías artificiales para decidir.

Tal vez la peor herencia del viejo régimen es el miedo de los mexicanos a hacerse cargo de su futuro, resultado del corporativismo. Sólo ese miedo, o el interés, explicarían darle una mayoría artificial a un grupo político, cualquiera que éste fuera.

Necesitamos mejores reglas para facilitar acuerdos, eso es seguro. Pero sobre todo necesitamos el enfrentamiento definitivo entre el pasado y el futuro de México. Y ese enfrentamiento sólo puede ser pacífico a través de la pluralidad democrática. No hay que tenerle miedo al conflicto, que es natural en la sociedad. Hay que darle cauce, para eso es la democracia.

http://www.macario.com.mxTwitter: @mschetti

Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
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