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Aida Sifuentes
Aida Sifuentes
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Es originaria de Sabinas, Coahuila. Egresó de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Coahuila y actualmente estudia ingeniería civil en la misma universidad. Colaboró en el Centro Cultural Vito Alessio Robles como correctora de estilo, y se ha desempeñado como periodista cultural. Es ajedrecista profesional y lectora por vocación.

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21 Octubre 2018 04:04:00
La migración sobre los 64 escaques
La caravana migrante que atraviesa el país ha desatado toda clase de debates políticos, demográficos y migratorios entre quienes buscan la empatía hacia otro ser humano y quienes rechazan al extranjero que sufre precariedad. No trataré de convencerlos respecto a nada porque cada quien habla según lo que guarda en su corazón: ya sea basura xenófoba o empatía humanitaria, pero sí me parece interesante señalar cómo la migración tiene dos caras: la del desvalido que debe saltar muros y la de la «fuga de cerebros» que entra por la puerta grande.

En ajedrez, como en muchas otras disciplinas, es común ver a los mejores genios cambiar de nacionalidad para buscar mejores oportunidades dónde desarrollar su carrera.

Empecemos por Estados Unidos: actualmente Fabiano Caruana es el retador al título mundial. Pero él es un italoamericano con doble nacionalidad, cuyos primeros pasos en su carrera ajedrecística los realizó bajo la bandera italiana y fue hasta 2015 que adoptó el cobijo de las barras y las estrellas. Si llegara a derrotar a Magnus Carlsen, USA no podría adjudicarse el título completo, porque una parte de la victoria también es italiana.

El año pasado, después de casi ocho décadas, los estadunidenses consiguieron coronarse campeones de la olimpiada mundial con un equipo conformado por Hiikaru Nakamura, nacido en Japón; Wesley So, filipino, y Caruana, de quien ya hemos hablado.

En México el panorama no es tan diferente: actualmente sólo tenemos tres grandes maestros, máximo título al que se puede aspirar: Manuel de León Hoyos, de origen yucateco, quien emigró a Europa con tal de hacer su carrera; Gilberto Hernández, originario de San Luis Potosí; y el actual rankeado número uno del país, Juan Carlos González Zamora, un cubano que se nacionalizó y ha contribuido notablemente al desarrollo de nuevos talentos en Mérida.

¿Cuál es la diferencia entre un profesionista con beca, un atleta de alto rendimiento, un renombrado científico y un inmigrante que llega de forma ilegal?

La respuesta es la de-sigualdad. No importa cuánto romanticemos el discurso de “el que quiere, puede” y “la superación está en uno mismo”. No podemos juzgar con el mismo rigor a quien no ha tenido las oportunidades óptimas de desarrollo: porque además de talento, a veces se requiere un poco de suerte.

Es lamentablela situación que nos llevó a convertirnos en esto: un cúmulo de fronteras invisibles, de etiquetas donde se decide quién puede entrar y quién no, donde algunos son recibidos como héroes y otros apaleados y rociados con gas lacrimógeno.

El ajedrez nos enseña que para mejorar la posición y ganar la partida a veces hay que sacrificarlo todo. Esperemos que los que avanzan en la caravana migrante encuentren lo que buscan y que su sacrificio haya valido la pena.
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