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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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25 Agosto 2019 04:02:00
La muerte como espectáculo
“Un golpe de ataúd en tierra es algo perfectamente serio”, escribió Antonio Machado a propósito del sepelio de su amigo Abel Marín. Y así es. Los momentos finales de cualquier ser humano merecen respeto. Por desgracia, en un mundo donde campea la frivolidad y todo, sin excepción, es susceptible de convertirse en espectáculo, no se salva ni la seriedad del golpe del ataúd en tierra machadiano. De esto han dado dos ejemplos las redes sociales en sendas enfermizas y descaradas provocaciones al morbo público.

En la plataforma de Facebook se ofrecían, la semana pasada, fotografías del cuerpo de Marilyn Monroe en la morgue. Naturalmente, quien esto escribe se negó a “abrir la página”, como ahora se dice. ¿Qué interés puede tener el espectáculo de los despojos mortales de una admirada diosa de la pantalla? Ni que fuéramos monjes medievales, que colocaban en su mesa de trabajo una calavera para recordarse –como si eso fuera necesario– el fatal acabamiento de su propia existencia.

Otro caso fue la justa indignación de la familia del señor Celso Piña por la filtración de dos videos de los últimos momentos del acordeonista. Según la información, alguna mente enferma grabó los segundos anteriores al fallecimiento del acordeonista.

En uno, explica la noticia, aparece agonizante en la mesa de operaciones del hospital y en las ansias de la muerte, diría Cervantes, intenta balbucear unas palabras. El otro, siempre según la misma noticia, muestra los inútiles esfuerzos de los médicos por reanimarlo.

Hace años eran comunes las fotografías de muertos, en los que estos aparecen rodeados de sus seres queridos. Sin restarle un ápice a lo macabro que resultan, en las fotografías había un toque de respeto. Los difuntos, la mayoría niños, se preparaban para que su imagen ofreciera el mejor de los aspectos. Los familiares que ordenaban las fotos lo hacían con el afán de guardar un recuerdo del desaparecido.

Esa moda, por fortuna pasajera, estaba emparentada con los sepulcros de reyes, reinas y personajes principales que se ven en las iglesias europeas. En ellos, los escultores tenían buen cuidado de representar de cuerpo completo a los ocupantes del sepulcro, yaciendo sobre un túmulo, pero en plena juventud o en rozagante madurez.

Los rostros trasmiten una sensación de serenidad, de reposo. Se diría que todos murieron jóvenes, plácidamente, aunque en realidad la muerte los haya sorprendido en la ancianidad y quizá tras agonías terribles.

Este arte, falso, si se quiere, entraña una lección de respeto por quienes ya no están entre los vivos. En el fondo se trata del rescate de la dignidad de la persona humana, haciendo a un lado las miserias a la que está expuesto nuestro cuerpo. Las fotografías de Marilyn en la morgue y el video de la agonía del señor Celso Piña ponen en duda la calidad humana de quienes las difundieron, al restarle dignidad a un paso tan trascendente como es el de morir.

Letras sueltas
El diputado local Benito Ramírez Rosas, plurinominal por Morena, decidió abandonar la exigua –eran dos miembros– bancada de su partido y se declaró independiente. Al hacerlo anunció la creación de una fracción del Congreso del Estado, a la que bautizó general Venustiano Carranza Garza. Don Venustiano nunca ostentó un grado militar y personalmente se declaraba antimilitarista en política. Ojalá que ahora que ya es diputado libre, el señor Ramírez Rosas tenga más tiempo de releer sus libros de historia.
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