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Jorge A. Meléndez
Jorge A. Meléndez
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20 Junio 2020 04:07:00
¿La muerte del mercado?
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“En una crisis lo impensable a veces se vuelve inevitable. Estamos en el cambio más grande desde la Segunda Guerra Mundial. Y el neoliberalismo exhala su último suspiro”. No. No se trata de la última proclama de AMLO, sino de una frase de un interesante artículo de Rutger Bregman en The Correspondent.

El historiador holandés advierte que la terrible desigualdad generada por la economía de mercado (no caeré en el juego de etiquetas del Presidente) hace que el sistema se tambalee. En eso tiene razón. El ingreso, y sobre todo la riqueza, que sí genera el sistema de mercado se ha distribuido inequitativamente.

El reporte global de la riqueza 2019 de Credit Suisse pinta claramente esta gran desigualdad. En la cima de la pirámide están 47 millones de adultos con fortunas mayores al millón de dólares que tienen el 43.9% de la riqueza global y representan apenas 0.9% de la población.

El siguiente nivel incluye a 436 millones de personas con patrimonios de entre 100 mil y un millón de dólares. Representan 9.8% del total y concentran 38.9% de la riqueza. ¡83% de la riqueza en manos del 11% del planeta!

El siguiente nivel lo forman quienes tienen entre 10 mil y 100 mil dólares: mil 661 millones de personas, 32.6% del total, que acumulan solo 15.5% de la riqueza. Y lo más terrible es la base: 2 mil 883 millones, 56.6% del total, que apenas rasguñan 1.8% de la bonanza.

Y ni hablar de los hiperricos: según Oxfam, apenas 2 mil 153 billonarios acumularían más riqueza que 60% de la población global. Como advierte Bregman, la terrible crisis del Covid-19 podría ser la gota que derrame el vaso del modelo de mercado.

¿Qué hacer? En general, la receta de algunos economistas y políticos de izquierda tiene dos partes: más impuestos y repensar el rol del Estado. Respecto a lo fiscal, por ejemplo Saez y Zucman en su libro El Triunfo de la Injusticia demuestran cómo empresas y los ultramillonarios en EU pagan menos impuestos que las clases medias.

Por lo tanto, proponen más carga fiscal y cerrar huecos para las empresas; y para los “súper ricos”, tasas impositivas más altas y gravámenes al patrimonio. Sobre el rol del Gobierno, algunos sugieren una mayor injerencia. Particularmente en temas de salud, ingreso básico y regulación.

Hasta aquí digamos que, en términos simples, es la receta para lograr algo que parece imprescindible: mejorar la distribución de la riqueza. El diablo, por supuesto, estará en los detalles, en la ejecución. Sobre todo en la era de las fake news y del populismo irracional.

En primer lugar, no solo es de redistribuir riqueza hoy. También hay que asegurarnos que se siga generando mañana. Y perdón, pero el mercado sigue siendo el mejor método para crear riqueza.

Ese sueño de Morena del Estado empresario es una pesadilla. Ya la vivimos aquí. Se ha vivido en otros lados. Vamos, por el absoluto fracaso de ese “modelito” dizque novedoso, ese que llaman neoliberalismo.

Segundo, aquí solo 43% de la población pagamos impuestos. Y sumando ISR, PTU (empresas), IVA y otros, las tasas son muy altas. Tercero, y clave para México: si se llegara a recaudar más habría que vigilar la efectividad del uso de esos recursos.

Es cierto. El modelo tiene que cambiar. Pero no sin ton ni son. Pero no partiendo de ideas terribles que ya fracasaron. Pero poniendo atención a la ejecución. Pero recapacitando y ajustando en el camino. De otra forma nos iremos de Guatemala a Guatepeor.


En pocas palabras...

“La pobreza es la peor forma de violencia”.
Gandhi
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