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Joel Almaguer
Joel Almaguer
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Inició sus estudios en la Universidad Autónoma de Coahuila, donde tuvo como maestros a Gerardo Monjarás y en sus últimos años al reconocido pianista regiomontano Gerardo González. Ha desarrollado su actividad musical como pianista en danza y como acompañante de cantantes principalmente. Ha participado en musicales como pianista. Imparte diplomados en historia de la música para la UAdeC. El año pasado vivió en Francia donde tuvo oportunidad de compartir su talento musical. Música Sobre Ruedas es un proyecto que ha desarrollado para compartir música en espacios públicos. Actualmente también es miembro de la Orquesta Filarmónica del Desierto donde participa activamente en el Coro Filarmónico. [email protected]

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14 Octubre 2018 04:00:00
La música en Kazuo Ishiguro
Un piano desenfadado comienza los acordes guiados por los bajos de la mano izquierda, de pronto una voz inconfundible comienza a cantar They All Laughed. Es la voz de Tony Bennett. La mañana comienza con este humor que acompaña la lectura de Kazuo Ishiguro, el Nobel del año 1997.

Normalmente no escucho música al leer y aún ahora, detengo la lectura de tanto en tanto para disfrutar de la música y luego seguir en la narrativa de este escritor. El libro es Nocturnos, una selección de cinco relatos unidos entre sí y cuyos ambientes y personajes transcurren entre música. Por eso que haya puesto a Tony Bennet. Pero no es el único, también suena entre los canales de Venecia y mi biblioteca la sedosa voz de Chet Baker cantando I Fall in Love too Easily, con su voz que parece estar cansada de caer enamorada.

Kazuo Ishiguro, al menos en este libro y por sus referencias musicales constantes, me recuerda a otro japonés, Haruki Murakami. Este también llena de música las páginas que escribe y su gusto por el jazz es similar. Ese jazz que respeta las temas melódicos y no divaga en exceso hasta perderse en improvisaciones exageradas que nada se parecen a la música original.

Nocturnos me atrapa con su melancolía escondida entre cada línea, con su humor que me arranca una sonrisa por ser cómplice de los personajes y del mismo Ishiguro. La guitarra de Django Reinhardt no podía faltar para un efecto mayor de la narrativa. Pero no es para menos, este guitarrista sabía bien improvisar sin caer en los excesos. El sonido de su instrumento en Minor Swing me pone de buen humor.

La lectura continúa entre los acordes de una guitarra sobria de Joe Pass interpretando But Beautiful mientras las escobillas de la batería barren mi mal humor y el contrabajo con su sonido me invita a leer con más cadencia.

Los cinco relatos de Kazuo son una lectura casi inesperada, pero afortunada en todo sentido. Días en los que sumergirse en mundos diferentes resulta complicado, la precisa pluma de Kazuo es eficaz para arrebatarme de este mundo. Busco junto a sus personajes y, al igual que ellos, termino las lecturas sin giros de tuercas. Porque la maestría no sólo está en las sorpresas, sino también en saber narrar momentos sin finales, sin sobresaltos, como la vida misma.

Pienso en eso mientras Frank Sinatra canta One for my Baby.
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