×
José Luis del Río y Santiago
José Luis del Río y Santiago
ver +
Actualmente es rector de la iglesia San Pablo Apóstol, ubicada en Los Valdés y encargado de la Comisión de Nuevas parroquias en la Diócesis de Saltillo, y catedrático en el Seminario de Historia de la Iglesia y Teoría Odegética. Su trayectoria por tres décadas en el Ojo de Agua lo distinguen, y más aún el hecho de que sea el único sacerdote exorcista autorizado, estudios que cursó por cuenta propia, además de actualizaciones a través de cinco congresos internacionales.

" Comentar Imprimir
27 Diciembre 2010 04:00:19
La Navidad redime la Creacion
En cuanto a la instauración del “Reino de justicia, de amor y de paz” que se ha iniciado con ocasión del nacimiento de Cristo en la Navidad, la Iglesia nos dice que: “En este Reino todas las cosas creadas serán liberadas de la esclavitud de la corrupción para participar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios” (Rom. 8,21).

¿En qué sentido se puede decir que los cristianos conducen la creación entera, es decir todo el Universo, a la libertad? El hombre está íntimamente ligado a la materia, y no sólo con la materia de su propio cuerpo, sino también con el resto de la creación material. En efecto, el hombre no se enaltece sobre la creación como si fuera una estatua, de tal manera que la creación entera le sirviera de “pedestal”, sino que, más bien, el hombre es como la flor de todas las demás criaturas que le sirven de tallo.

A causa de esta unión con el Universo, toda la actividad del hombre se refleja también en las cosas materiales, tanto si las involucra su espíritu que es consciente y libre, como también si el pecado con su poder desintegrador, les infunde su oscuridad interior y sus cadenas. Por eso podemos comprender mejor las palabras que nos refiere san Pablo en su carta a los romanos, ya que, con la caída del hombre también la creación material ha sido “sometida a la vanidad y a la esclavitud de la corrupción”. (Rom. 8,20-21).

Así como sucedió con el pecado, también la Encarnación y Redención de Cristo han abarcado juntamente al hombre y a todo lo creado: “En efecto, Dios ha querido, por medio de Jesucristo reconciliar consigo mismo a todas las cosas, (tanto las cosas de la tierra como las del cielo), haciendo la paz por virtud de la sangre de su cruz” (Col. 1, 19-20). “Todas las cosas”, esto es, Cristo ha reconciliado no sólo a todos los hombres, sino también a todas la demás cosas. De manera semejante aparece en la carta a los Efesios: el Padre ha decidido poner a Cristo como cabeza de “todas las cosas”, tanto las del cielo como las de la tierra (Ef. 1,10). De este modo, por la Redención “todas las cosas tienen su consistencia en Él” (Col. 1, 17). En efecto, la sangre de Cristo purifica no sólo al hombre sino también “a la tierra, al mar, a las estrellas, al mundo entero”.

Y así también, como en el hombre, los efectos de la Redención no son todavía definitivos, (lo serán cuando, en la futura gloria, se manifiesten después de la resurrección de los muertos, (Rom. 8,23), así también, en el resto de la creación los efectos de la gracia no son todavía definitivos, y es por eso que todavía reflejan los efectos del pecado. Por esto, “toda la creación, hasta el momento presente, gime y sufre dolores de parto” y espera anhelante ser “liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la libertad gloriosa de los hijos de Dios” (Rom. 8, 21).

La libertad de la materia está pues, en relación directa con la libertad interior del hombre. El hombre será plenamente libre, solamente en el estado de gloria que adquiera en “el otro mundo”. Así también la creación material pasará a la plena libertad, sólo cuando, después del día del juicio, se asocie a los resucitados, para constituir “cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales habitará la justicia” (2 Pedro. 3, 13).

Este hecho de vincular al hombre con la naturaleza, que tal vez nos ha sido extraño, ahora es más fácilmente comprensible al pensamiento moderno. Hoy sabemos que la tierra (aquella tierra que es el instrumental de la técnica moderna), se está abriendo al hombre, la tierra que está siendo trabajada por la mano del hombre, la tierra en la cual se expresan los más íntimos movimientos del espíritu humano, la tierra que es, en una palabra, la expresión del hombre, y por esto se hace una realidad nueva: no es por lo tanto “sólo tierra”, sino, más bien “tierra-hombre”. Y siendo “tierra-hombre”, la tierra es, juntamente con este hombre, (liberado o no liberado), igualmente, liberada o no liberada.

El dominio que el hombre tiene sobre sí mismo, lo extiende también al campo del trabajo, de la técnica y de la cultura civil. El mundo natural, que debe ser “liberado”, es trabajo más accesible a los laicos que a los religiosos y sacerdotes. Por este motivo la Iglesia invita de modo particular, a los laicos a desempeñar este trabajo de “liberación”.

En efecto es a los laicos a quienes les toca asumir la instauración del Reino de Dios en el orden temporal como tarea propia. Es a los ciudadanos, a quienes les toca, según su propia competencia y bajo su propia responsabilidad, desempeñar esta tarea. Entre las obras de tal tarea, sobresale el apostolado de la “acción social de los cristianos” que debe involucrar a todo el orden social y cultural, precisamente a partir de la celebración cristiana de la Navidad. ¡Feliz Navidad y Año Nuevo!

Imprimir
COMENTARIOS



0 1 2 3 4 5