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Aida Sifuentes
Aida Sifuentes
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Es originaria de Sabinas, Coahuila. Egresó de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Coahuila y actualmente estudia ingeniería civil en la misma universidad. Colaboró en el Centro Cultural Vito Alessio Robles como correctora de estilo, y se ha desempeñado como periodista cultural. Es ajedrecista profesional y lectora por vocación.

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26 Mayo 2019 04:01:00
La novedad y la creación
La teoría del ajedrez es tan basta que fácilmente podríamos llenar una biblioteca borgiana con los títulos que ahondan en el estudio de líneas de apertura, recursos tácticos y finales.

Los humanos comunes nos dedicamos a repasar estos tratados e intentar recordar lo que aprendimos para ir ajustando nuestras habilidades sobre el tablero.

Los grandes maestros son los verdaderos genios que van reinventando y poniendo a la moda determinadas variantes de aperturas. A estas innovaciones introducidas por jugadores de élite se les conoce como “novedad teórica”.

Recientemente, el uso de computadoras y módulos de análisis han permitido que el ajedrez se perfeccione a niveles de extrema finura. Los algoritmos de las máquinas son capaces de desentrañar posiciones complejísimas y en cuestión de segundos brindar el mejor movimiento.

Durante la primera jornada del Grand Prix de la FIDE, el GM Alexander Grischuk dio muestras de su genialidad.

No solo con las combinaciones espectaculares que ejecutó sobre el tablero (pueden consultar la partida contra Nakamura), también consiguió darnos otras de esas brillantes frases que bien podrían resumir todo el trabajo de los ajedrecistas.

“Hoy no sé qué es una novedad. Si una computadora muestra un movimiento, ¿es una novedad?”, señaló en una de las entrevistas post mortem sobre este choque entre el análisis de módulo y el de un jugador humano

Cuando Grischuk compara las “novedades” introducidas por las máquinas, se hace un cuestionamiento interesante.

Una novedad teórica es una idea que sorprende y rápidamente es replicada por los aficionados en sus propias partidas.

Pero ese proceso de creación es similar al de crear un poema o una pintura. Es hacer arte.

¿De qué sirve que la máquina señale la mejor jugada o lo más preciso si no siente nada durante el proceso de creación?

El arte no puede venir por medio de la progresión lógica de una máquina. Las máquinas no pueden crear porque no sienten. Solo encuentran lo que su programador les ha pedido buscar. Si reducimos el proceso creativo a una secuencia lógica de 1s y 0s, no necesitaremos esperar al 2050 para que el planeta se extinga. Ya estamos muertos por dentro.
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