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Miguel Badillo
Miguel Badillo
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14 Diciembre 2009 05:03:46
La nueva geografía de la violencia
» Informe del estadounidense Stratfor
» Advierte el avance del narcotráfico

En territorio mexicano se vive una guerra sin cuartel, pero como dice el think tank estadounidense Stratfor Global Intelligence, no sólo se trata de la batalla que ha querido librar y que lleva perdida desde que inició el gobierno de Felipe Calderón contra los grupos que controlan el crimen organizado y el narcotráfico en el país. Los expertos de ese grupo de análisis estadounidense, a los cuales sí hace caso Calderón por tratarse de estudiosos del vecino país, aseguran que en México se desarrollan dos guerras de los cárteles de la droga: la lucha del Gobierno mexicano por someterlos y la batalla entre las propias organizaciones por conquistar cada territorio disponible -sobre todo, por las rutas más rentables- que deja el Ejército Mexicano cada vez que avanza y arremete contra algún grupo delincuencial.

El amplio análisis de los expertos de Stratfor considera que desde 2006 la iniciativa de Calderón ha debilitado y fragmentado a los principales cárteles de la droga. Sin embargo, este avance ha establecido nuevos balances de poder entre los cárteles, lo que ha dado como resultado un incremento en los niveles de violencia y una fragmentación peligrosa en donde al cortar una cabeza, aparecen 10 más. En 2010, prevé el informe estadounidense, el rostro del crimen y el narcotráfico en México será otro.

En ese contexto el debate sobre la participación del Ejército en la lucha contra el tráfico de drogas y las bandas del crimen organizado tendría que revisarse para conocer los resultados reales de dicha estrategia, pues hasta ahora el saldo es negativo ante las miles de víctimas, delincuentes, policías y civiles, que ha dejado esta guerra que se libra en las calles del país.

Nunca un presidente mexicano había involucrado al Ejército en tal nivel en contra del narcotráfico, lo que le ha generado corrupción en las fuerzas castrenses, graves violaciones a los derechos humanos de la población por parte de las fuerzas castrenses y deserciones masivas de soldados que se pasan al bando contrario y son la fuerza real del crimen organizado.

Más de 35 mil militares han sido enviados a las zonas que registran los mayores niveles de violencia y presencia del narcotráfico. Hoy, advierte el informe Stratfor, Felipe Calderón tendría que replantearse el balance de logros y perjuicios sobre la población civil. Las muertes que acumula esta guerra contra el narcotráfico ascienden a casi 7 mil 300, mientras que sólo en 2008 fueron 5 mil 700, un incremento de más del 30 por ciento, según el documento, aunque de acuerdo con cifras oficiales mexicanas el número de muertes es mucho mayor.

Sin embargo, también es cierto que hay factores que siguen presentes y que impulsaron la participación del Ejército en la lucha contra el narcotráfico: la corrupción de las organizaciones policiacas, lo que ha obligado a que el Ejército se haga cargo de conducir las patrullas de seguridad y de los retenes para revisión en carreteras, en donde la población civil definitivamente es vulnerable ante eventuales violaciones a los derechos humanos.

Así, la solución en la guerra contra el narcotráfico que Calderón ha calificado como temporal se está convirtiendo en un problema grave para la población sin que, hasta el momento, se presente una solución de fondo y asegure que verdaderamente esta batalla sea una opción.

Si bien hasta 2008 la geografía de la violencia permanecía sin cambios, en 2009 comenzó a transformarse: Chihuahua, Sinaloa, Guerrero, Michoacán y Baja California fueron los estados más violentos en 2009, y así se mantendrán al término del gobierno de Felipe Calderón. En Chihuahua se calcula que las muertes sumaron más de 3 mil 200, y sólo Ciudad Juárez contribuyó con 2 mil 100 decesos, porque aquí se libra una de las guerras intra cárteles más violenta: la disputa entre el cártel de Sinaloa y el cártel de Juárez.

En 2009, señala el informe estadounidense, los altos niveles de violencia también regresaron a Michoacán y Guerrero ante la expansión y el incremento de las actividades de la organización conocida como La Familia, que lanzó numerosos ataques contra el Ejército. Los enfrentamientos estuvieron frecuentemente asociados con las estrategias de persecución de la milicia mexicana para capturar a miembros de esa banda criminal.

Así, mientras las fuerzas armadas y policiacas de México no han tenido grandes resultados en debilitar y dividir a varios de los cárteles más poderosos, el logro de esta guerra contra el narcotráfico ha sido su polarización consolidada y el incremento de la violencia, porque no están dispuestos a perder su territorio a manos de otra organización delincuencial. Es un hecho, dice Stratfor, que el único momento en el que ha disminuido la violencia, es cuando los dirigentes de los cárteles consideran que cuentan con estabilidad y equilibrio en la operación de sus territorios; es también casualmente cuando las acciones del Gobierno no amenazan sus operaciones. De esta forma, es previsible, y así lo ven desde Washington, que los mexicanos sigan observando un incremento en los niveles de violencia debido a la competencia que se agudizará durante 2010.

La Familia, dice Stratfor, ha ganado una gran atención de la prensa durante los últimos años, después de que el entonces procurador General de la República, Eduardo Medina Mora, la calificó como la organización más violenta. Su estrategia ha sido generar el temor a partir de sus ataques consistentes a las fuerzas del Gobierno, incluyendo a militares.

Sin embargo, a pesar de que su imagen ha crecido ante los medios, permanece como una organización pequeña y geográficamente ubicada en pocos territorios de Michoacán, aunque también cuenta con una franquicia pero con influencia limitada en Guerrero, Guanajuato y Estado de México, así como Jalisco y Querétaro. El grado con el que se comunican y operan, sin embargo, resulta incierto. Además, es claro que aún no cuentan con acceso directo a la frontera con Estados Unidos.
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