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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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07 Agosto 2020 04:00:00
¡La nueva normalidad judicial!  (parte final)
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Tal como lo afirmé en la primera parte de esta columna, mal y de mala manera funciona la nueva temporada del Tribunal Superior de Justicia del Estado de Coahuila, edición que inició desde el nombramiento del nuevo presidente, quien dicho sea de paso, quizá y solo quizá, llegó a la titularidad del Poder Judicial del Estado con la principal finalidad de completar el control lagunero de la política y la Administración Pública local, ya que como dije, la consecuencia de tal decisión, se ve reflejada en el mal funcionamiento de nuestro sistema actual de justicia, el cual, a partir de la declaración de emergencia sanitaria, se ha agudizado en extremos indecibles.

Como lo mencioné en la entrega pasada, quien ha tenido la necesidad de acudir a litigar a cualquier Centro de Justicia en nuestro estado, ha sufrido sin duda, lo que estoy hablando. Y es que, bajo el pretexto del cerco sanitario, a los usuarios se les obliga a hacer largas filas de espera en el exterior de los edificios para poder tener acceso a una ficha o turno, que le servirá de pase a un solo juzgado.

Es decir, dicha ficha solo le ampara para ingresar a ver un único expediente, por lo que si el usuario desea revisar más de uno, deberá hacer tantas filas como número de expedientes a revisar; esto sí el horario de atención se lo permite, ya que la cantidad de turnos está muy limitada, al punto de que la mayoría de las veces se agotan antes del mediodía, como si los plazos legales tuvieran horario.

Así pues, y por si lo anterior fuese poca causa para sentirnos insatisfechos por la labor de nuestras autoridades judiciales, debo mencionar que a partir de que los juzgados federales –es decir, los Juzgados de Distrito– entraron en una inacabable hibernación, los acuerdos que emiten los juzgados de primera instancia locales, y sobre todo en los juzgados letrados civiles –en donde los agiotistas hacen y deshacen con los demandados a consciencia y complacencia de los juzgadores mercantiles– se tornan mucho más peligrosos para la ciudadanía, esto dado que ante la ausencia de amparos indirectos constitucionales contra los abusos de los juzgadores, los jueces mercantiles se dan vuelo concediendo todo tipo de ejecuciones como cateos y embargos a diestra y siniestra, en franca colusión con los cobradores, sin que nadie les diga nada.

En resumen, en el Poder Judicial de Coahuila, ahora más que antes se empieza a notar que las magistraturas las ocupa gente que viene de no litigar, de no impartir justicia, y más bien, que se han dedicado a grillar, a caerle bien a los gobernantes, a ganarse su confianza por ser incondicionales, a ser socios de alguien en el poder.

Gente que a todas luces desconoce la institución encargada de impartir justicia, por lo que poco les importa si la misma puede dignificarse.

Así pues, y de seguir así nuestro Tribunal Superior, las consecuencias serán cada vez más amargas, lo serán para el pueblo en general y ya no solo para el demandante de justicia, el cual desde hace tiempo en nuestro estado, ha empezado a considerar que la misma, ni siquiera existe.
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