×
Ricardo Torres
Ricardo Torres
ver +

" Comentar Imprimir
13 Diciembre 2019 04:05:00
La peligrosísima legítima defensa
Escuchar Nota
Este miércoles, el pleno del Congreso Local aprobó modificar el Artículo 57 del Código Penal del Estado, para permitir la legítima defensa privilegiada, con lo cual se podrá evitar la punibilidad de un ciudadano que cause lesiones o muerte a quien le ataque o irrumpa en un domicilio y ponga en riesgo la seguridad de él y de los suyos.

Al final de la sesión el artículo relativo quedó más o menos redactado de la siguiente manera: “Se considerará que obra en defensa legítima quien cause cualquier daño, lesión o prive de la vida a un extraño, siempre y cuando este extraño, sin motivo, ponga en peligro la vida o la integridad corporal. La persona podrá considerarse en peligro si un tercero entra a su domicilio o intenta penetrar, sin causa lícita”.

Luego de esta acción y como suele suceder, las posturas de quienes se dicen especialistas se dividieron entre quienes aprueban esta modificación al Código Penal y quienes piensan que esa no es la solución al problema de violencia.

En este tenor, hubo incluso, quienes se animaron a decir que esta figura jurídica pudiera traducirse como una “licencia para matar”, y que dicha modificación a la legislación penal es más bien una salida fácil ante un problema que es mucho más complicado, pues se debería atacar a la violencia desde la prevención del delito.

Por otro lado, los que consideran acertada esta reforma, aseguran que esta posibilidad de aniquilar o herir a discreción a cualquier atacante otorga mayor certeza jurídica a la víctima que busca defender a su familia, patrimonio o integridad, ante una agresión o allanamiento malintencionado.

La realidad de las cosas es que, no es la primera vez que en nuestro estado y en nuestra nación se puede observar como atenuante de delito la legítima defensa, ya que siempre ha procedido esta consideración para el inculpado, aun habiendo lesiones o muerte.

Entonces, es evidente que por nada debe considerarse esta posibilidad como una nueva licencia para matar, y la prueba está en la diversidad de sentencias y razonamiento de los tribunales colegiados, y de la misma Suprema Corte de Justicia de la Nación, que desde hace muchos años permiten la absolución de quien ante una amenaza latente, cause la muerte de su atacante por consecuencia de protegerse o defenderse.

Así pues, y al no ser esta una autorización real para hacerse justicia por propia mano, ni ser tampoco una licencia para matar, o por lo menos un permiso para los excesos en la defensa contra el delincuente; entonces lo único y realmente peligroso de esta nueva reforma lo será que, en cualquier caso, nuestros flamantes agentes coahuilenses del Ministerio Público, podrán determinar a ojo de buen cubero y en primer lugar, quién es la víctima, para proceder entonces a representarlo, ordenar luego las brillantes averiguaciones que realizarán los detectives de nuestra infalible Fiscalía y según la vea, echar mano de esta nueva figura legal, tratando de probar a un juez si en determinado caso, se cumplieron o no los requisitos de la legítima defensa. Bastante aterrador el panorama, o lo que es lo mismo, ¡mejor así nos hubiéramos quedado!
Imprimir
COMENTARIOS