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Juan Latapí
Juan Latapí
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26 Enero 2020 03:10:00
La peor de las crisis
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Llevamos décadas padeciendo todo tipo de crisis y, de todas ellas, la que mayores estragos ha ocasionado es la crisis de valores que, además de degradar la sana convivencia, se antepongan los intereses particulares por encima de los de la mayoría. La transmutación del bien común a favor de los privilegios individuales puede explicar el por qué se han disparado exponencialmente la corrupción, la violencia, el acoso y los abusos sexuales, mientras que la moral se ha diluido notablemente.

Pero hablar de moral suele resultar aburrido, ridículo y a menudo se confunde con religiosidad. Sin embargo, esa crisis de moral que nos golpea a diario -y que nos negamos a reconocerla- es la que ha dado pie para que unos cuantos, con tal de cuidar sus beneficios personales, dañen severamente a una mayoría sin importarles, como es el caso del desabastecimiento de los medicamentos para combatir el cáncer infantil, que por tal de cuidar los intereses particulares de unos cuantos distribuidores y laboratorios, oculten y especulen con dichos medicamentos, todo con tal de no perder sus privilegios indebidos.

De la misma manera se puede explicar el saqueo de los recursos públicos que han ido a parar a fortunas particulares de distintos gobernantes de todos los órdenes y niveles, sin importar el daño que puedan ocasionar al bien común, desde el desmantelamiento de Pemex, con los sobornos de Odebrecht, la compra a sobreprecio de las plantas chatarra de fertilizantes, las distintas obras inconclusas pero pagadas y un sin fin de casos de vil y descarado robo, y que obviamente, quienes se han beneficiado de esta forma de operar se resisten a perder sus privilegios para hacer grandes fortunas a costa de los bienes comunes.

Resulta increíble que quienes ingresan a la política lo hagan por ser una forma rápida de amasar una fortuna mediante el desvío de recursos públicos con toda impunidad y con una mínima posibilidad de ser sorprendidos y menos aún de regresar lo sustraído, y mientras delinquen impunemente se ufanan con discursos de honestidad, legalidad y justicia, como son el caso de la mega deuda de Coahuila y las empresas fantasmas del moreirato, que permanecen -y seguirán- sin esclarecerse, sin castigo, y peor aún, los distintos operadores perpetradores siguen tan campantes; sorprende también ver cómo varias autoridades estatales son juez y parte en la contratación de diferentes obras públicas. De la misma manera el acoso y los abusos sexuales van al alza en todo momento en dependencias, escuelas y centros de trabajo donde los magnates son verdaderos depredadores sexuales amparados en su poder.

A nivel local hemos visto cómo diferentes alcaldes se han enriquecido con el desvío de recursos para adquirir ranchos y taxis sin que alguien les exija cuentas. De manera palpable lo vemos con diferentes obras públicas que cada administración desbarata las efectuadas por su antecesor para hacer una nueva, muchas veces sin necesidad alguna, tan sólo para hacer negocios particulares, conservar sus privilegios y sin importarles el bien común.

Ante esta ola depredadora es que hace un año se empezó a distribuir un cuadernillo de 30 páginas, bajo el título Cartilla Moral, que tiene como finalidad servir de guía de valores y respetos para ayudar a ser una mejor persona y pensar en el prójimo. Este documento, que es una adaptación de un texto escrito por Alfonso Reyes, en 1944, empieza explicando la importancia del respeto por uno mismo, la familia y la comunidad, así como a la patria y al medio ambiente, haciendo énfasis en no hacer a los demás lo que no queremos que nos hagan. Desafortunadamente este documento no ha circulado debidamente para beneplácito de los depredadores y, sobre todo, bajo la apatía cómplice de los miembros de Morena, quienes están más preocupados por sus grillas que por el bien común.

Y peor aún, de nada servirá este documento mientras nadie le explique lo que significa moral a Moreira I quien demandó al investigador Sergio Aguayo por “daño moral” y -aparentemente- el aparato judicial se está prestando para perseguir al investigador. Desafortunadamente, para perpetuar esta crisis, los patos siguen disparándole a las escopetas.
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