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José Luis del Río y Santiago
José Luis del Río y Santiago
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Actualmente es rector de la iglesia San Pablo Apóstol, ubicada en Los Valdés y encargado de la Comisión de Nuevas parroquias en la Diócesis de Saltillo, y catedrático en el Seminario de Historia de la Iglesia y Teoría Odegética. Su trayectoria por tres décadas en el Ojo de Agua lo distinguen, y más aún el hecho de que sea el único sacerdote exorcista autorizado, estudios que cursó por cuenta propia, además de actualizaciones a través de cinco congresos internacionales.

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25 Abril 2011 03:00:37
La potestad regia de los laicos
El sacerdocio de todos los cristianos es, según la primera carta de San Pedro, “un sacerdocio regio”: “Los creyentes en Cristo, habiendo sido regenerados, no de una semilla corruptible, sino de una incorruptible, por la palabra de Dios, viva y permanente (1Pd. 1, 23), no de la carne sino del agua y del Espíritu Santo (Jn. 3, 5-6), constituyen finalmente ‘una estirpe elegida, un sacerdocio real, una gente santa, un pueblo adquirido… aquel que en un tiempo no era pueblo, ahora, en cambio, es Pueblo de Dios’ (1 Pd. 2, 9-10)”.

El Pueblo de Dios es “un sacerdocio regio”, porque participa del reinado de Cristo Rey. En las circunstancias actuales, alguien podría relacionar el término “rey” con cualquier monarca antidemocrático. En el significado de la potestad “regia” de Cristo no existe esta relación. En el poder “regio” de Cristo se trata del servicio a los hombres, y de un servicio hasta la muerte. “En la gloria de su reino” entró aquel Cristo que se hizo “obediente hasta la muerte” y por esto ha sido “exaltado por el Padre” (Fil. 2, 8-9). Y, en este reino, “le han sido sometidas todas las cosas, hasta que Él mismo se someta al Padre y le someta todas las creaturas, a fin de que Dios sea todo en todos”. (1 Cor. 15, 27-28). Se trata, en fin de cuentas, de la realización de aquel estado de cosas en las que Jesucristo se ciñe y sienta a sus discípulos a la mesa para servirlos. (Lc. 12, 37).

Es claro, entonces, (también para los cristianos, que son partícipes de este Reino de Cristo), que “reinar” significa, ante todo, “servir a los demás”. La Iglesia se expresa así: “Cristo ha comunicado esta potestad regia a sus discípulos, para que también ellos, liberados del mal, y con la abnegación de sí mismos y una vida santa, venzan al reino del pecado (Rom. 6, 12). Más aun, sirviendo a Cristo en los demás, con humildad y paciencia, conduzcan a sus hermanos a servir al Rey, porque servirlo a Él es reinar”. Reinar quiere decir: “servir a Cristo”, pero servir a Cristo también “en los demás”. No basta como se decía antes: “servir a Dios es reinar” sino también “servir al prójimo es reinar”. Reinar es, ante todo, amar, servir al prójimo en la caridad, esto es, establecer en la sociedad el reino de la justicia, del amor y de la paz.

Pero si el reinar es sobre todo amar, esto no consiste en cualquier sentimiento vago, sino en intervenir muy concretamente en la vida histórico – social. La Iglesia, en relación a este reino, aun en “obras puramente civiles”, nos refiere que, con ellas, se puede contribuir válidamente a que los bienes creados, (según la disposición del Creador), hagan progresar el trabajo humano, por medio de la técnica y de la cultura civil, para utilidad de todos los hombres. Y estas obras civiles (iluminadas por la fe cristiana) sean distribuidas más equitativamente entre todos los miembros del pueblo, de tal manera que promuevan el progreso común en la libertad humana y cristiana.
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