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Luis Carlos Plata
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Luis Carlos Plata (Saltillo, 1984) es abogado (UAdeC), maestro (UPF, Barcelona) y candidato a doctor (URV, Tarragona), pero practica el periodismo desde hace 17 años, y su trabajo de investigación le ha merecido premios estatales e internacionales. Ha sido articulista de catorcenarios, revistas y periódicos del norte del país desde 2002, además de fungir como director editorial de medios de comunicación en Veracruz.

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09 Junio 2019 04:06:00
La propuesta envenenada de la diputada PRIMOR
Pasó desapercibida como casi todos los temas que se tratan en el Congreso del Estado. Pero el pasado 28 de mayo la diputada local plurinominal emanada de Morena, Elisa Catalina Villalobos, presentó una iniciativa de reforma al Artículo 77 de la Constitución Política de Coahuila que mueve a reflexión.

Se trata, en pocas palabras, de implementar una segunda vuelta en la próxima elección de gobernador (2023). Es decir, que haya nuevos comicios exclusivamente entre los dos candidatos que obtengan más votos cuando el primer lugar no alcance más del 50% de preferencia en la primera ronda. Con ello, según la exposición de motivos de la legisladora, se evitarían los litigios postelectorales y el ganador llegaría con más legitimidad a su toma de protesta. O por lo menos no tan cuestionado. Hasta aquí, habrá quien la considere un remedio funcional para evitar se repita lo sucedido en 2017. Pero ése no es el punto, pues el Proyecto de Decreto apunta hacia el futuro, no al pasado. Y las circunstancias de 2023 serán muy diferentes.

Dicho en otras palabras, la propuesta es, en el fondo, un traje a la medida de lo que anticipan (¿quiénes?) sucedería: un escenario electoral a tres tercios. Como la elección de senadores por Coahuila en 2018. No es difícil proyectar, en las circunstancias actuales, que Morena, PAN y PRI lleven a las urnas alrededor de 375 mil ciudadanos cada uno en 2023. Y que luego el tercer lugar, ya eliminado, incline la balanza hacia uno de los otros dos finalistas. Ahí se convertiría, por tanto, en el jugador más importante del proceso. En el “veto player”. Imagine, por ejemplo, a PAN y PRI aliándose contra un hipotético primer lugar de Morena. Y que, por segunda ocasión consecutiva, el PAN termine impidiendo con sus omisiones y acciones la alternancia en Coahuila en beneficio del PRI. No es descabellado pensarlo.

Por lo demás, Elisa Catalina Villalobos no actúa de manera espontánea. Se ha escrito aquí con suficiencia que desde la tercera quincena de la Legislatura se canteó hacia el Grupo Parlamentario del PRI. Hay un simbolismo implícito en que sea ella la elegida para poner el tema en la agenda legislativa. Tampoco es casualidad que, un día después de que presentó la iniciativa, el 29 de mayo, el alcalde de Saltillo haya iniciado una gira de promoción por el norte del estado. Hay una correlación entre ambos acontecimientos.

El comportamiento electoral de los últimos años hace ver complicado que un candidato a gobernador gane por mayoría absoluta (más del 50% de votos). Sin embargo ese fenómeno no es negativo por sí mismo. Por el contrario, la competencia es positiva. El problema radica en que abundan los malos perdedores y ellos incitan la polarización y encono.

Ahora bien, los argumentos de la diputada PRIMOR están basados en dogmas de fe y prejuicios. Falacias. No se tome a discriminación por género ni de otra índole para evadir su responsabilidad, pero es difícil creer que nazcan de su imaginación conociendo su trabajo legislativo previo. Detrás de la propuesta envenenada hay una mente maquiavélica pero hábil.

Hasta el mismo López Obrador lo dijo en su visita a Saltillo, el 19 de octubre de 2018, cuando le cuestionaron la ausencia de la representante de Morena durante un mitin partidista frente a Palacio de Gobierno: “la compañera no vino; aquí se ve (de qué lado está), pues”.

Y aprovechando que la Legislatura está “planchada” y el Congreso es un órgano estéril y apocado, por el momento su iniciativa fue turnada a la Comisión de Gobernación, Puntos Constitucionales y Justicia. En caso de prosperar y avanzar al Pleno, serían muy inocentes –o tremendamente cómplices– los 24 diputados restantes de aprobar esa reforma, ideada no para generar condiciones de “mayor representatividad” y “mayor gobernabilidad” en Coahuila, sino para que una cúpula decida quién será el próximo gobernador. Y que de preferencia se mantenga el statu quo.

Cortita y al pie

Los ciudadanos, ya de por sí, tienen una participación débil y simbólica en la designación de candidatos que hacen los partidos políticos. Es decir, en la boleta sólo pueden elegir lo que otros ya eligieron con anterioridad. Si optan por la vía independiente, en cambio, las condiciones inequitativas de la contienda generan candidaturas meramente testimoniales. Ambos fenómenos limitan la democracia plena.

A lo anterior, no obstante, habría que agregar ahora una segunda elección diseñada para favorecer las alianzas, a celebrarse 30 días después de la primera. Donde las cúpulas tengan otra vez un altísimo margen de maniobra. Tan sencillo como sumar los votos depositados en las urnas, pactar, y juntar selectivamente los que necesitan para derrotar al contrario.

Entonces Coahuila, de aprobarse la iniciativa, serviría una vez más de laboratorio electoral en el país al ser el primer Estado en validar la segunda vuelta en una elección. Ha sido anteriormente campo experimental en los ayuntamientos de cuatro años, la sobrerrepresentación en el Congreso, creación de partidos políticos locales con porcentajes irrisorios de representación, eliminación de curules o redistritación a modo, por mencionar algunos.


La última y nos vamos

En resumen: el quid en la elección de 2017 fue pulverizar el voto de la oposición. En 2023, en cambio, se trataría de negociar y juntar dos grandes bloques en perjuicio de un tercero.

Alguien (¿quién?) ya vio la coyuntura política que se avecina y desde temprano (faltan cuatro años para la jornada electoral) puso en operación un plan.
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