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Dalia Reyes
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15 Junio 2019 03:50:00
La realidá
La lengua que le pertenece a Niurka posee la coloquialidad aguda de terminar con un acento inexistente. Hoy le tomará en préstamo una palabra cuya definición no puede ir en la forma tradicional: “Realidad” es cosa o hecho real, lo efectivo; en cambio, ya escrito en cubano, se dice “Realidá” porque mi queja hoy requiere una melodía agresiva, pronunciada con la tilde nítida. Todos estos prolegómenos son para pedir respeto a mis derechos de turista: exijo ver cada sitio del mundo tal cual los muestran en las fotos.

Quiero ir a la parte del Cañón del Sumidero que sale en los promocionales turísticos; viajar en la única clase los que pasean en tren panorámico para el comercial de televisión; quiero al guía políglota, el paquete con alimentos y las entradas cubiertas.

Sé que merezco ver a la Gioconda a una distancia pertinente para la vista de un humano con más de 40 años; tomar cocoa caliente frente a un ventanal interminable después de esquiar en manos del más famoso entrenador; conocer -no solo pasar- por los 15 puntos de interés incluido en un paquete viajero por Europa cuya duración apenas me permitiría conocer la mitad de Morelia, Michoacán.

Me asumo capaz para nadar en un mar límpido; bailar sobre una explanada principal libre de vasos y olotes; disfrutar de nuestros centros arqueológicos a la misma cercanía de donde se sientan nuestras autoridades; acceder a eventos gratuitos en calidad de persona y no cual ganado vacuno.

La realidad es que hoy podemos conocer más sitios hasta hace poco anónimos; la realidá consiste en que saber de su existencia no otorga una entrada en automático con todos sus privilegios. La maravilla anunciada en la televisión cuesta más, ya se agotó, está reservada o solo se mantuvo pulcra durante la filmación.
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