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19 Junio 2019 04:00:00
La revolución egoísta del feminismo
Elizabeth Alfaro.- Estaba segura de ser feminista hasta que leí a Jessa Crispin. En el último año de mi vida pensé que mi proceso de deconstrucción había comenzado, pero el texto Por qué no soy Feminista (Editorial Sin Fronteras, 2016) me provocó un conflicto interno.

La imaginación como proceso transformador para derrocar el patriarcado, es la propuesta de la autora. Es cierto que últimamente internet está lleno de contenido feminista: desde denuncias de agresiones hasta memes en tono de burla, que parece una moda más.

Crispin argumenta que a través del “choice feminism”, adoptado como estilo de vida por las mujeres blancas de clase media-alta, privilegiadas ante otros contextos sociales, los estereotipos se reproducen y critica la lucha feminista por querer ocupar el lugar de los hombres en el sistema capitalista. Aunque para entenderla del todo, la lectura exige antecedentes teóricos sobre género, el lenguaje es bastante fluido y divertido.

En sus páginas la autora recuerda las afrentas con el caos de las feministas radicales en la exigencia del reconocimiento de las mujeres como seres humanos. Imagino la escena como una auténtica revolución aunque hiciera dudar de la coherencia mental de las manifestantes.

El derecho al voto fue uno de los logros más notables. A partir de ahí la discusión pública rompió un gran tabú: hablar sobre las tragedias del mundo privado. Para las mujeres, el cansancio de las labores del hogar y el no ejercicio de sus profesiones les generaba una frustración inmensa y había llegado el momento de ocupar espacios en la vida pública.

Sin embargo, el grueso de la lucha se redujo a quienes podían reunirse mientras pagaban a otras para que cuidaran a sus hijos, y se hicieran cargo de las tareas domésticas; generalmente las afectadas eran mujeres negras, indígenas o con alguna discapacidad.

¿El feminismo se ha vuelto egoísta? Este libro dice que sí. El planteamiento de Jessa se extiende hasta la actualidad. Algunas mujeres aspiramos a ocupar puestos de poder mientras criticamos a las que deciden trabajar en casa y dedicarse a la crianza compartida de los hijos.

Una vez que alcanzamos las aspiraciones profesionales buscamos incrementar nuestro poder adquisitivo, justificando todos los medios por los que podamos obtenerlo. Replicamos los estereotipos patriarcales. Pero ¿cómo no aprovechar los espacios conquistados que siempre habían pertenecido a los hombres? ¿cómo no vengar el sufrimiento de todas las mujeres con nuestros triunfos personales?

“Todos guardamos una lista en lo más hondo de nuestro ser, una lista con cada injusticia, cada humillación, cada momento en que nos dejaron las manos atadas y en lugar de plantarnos y alzar la voz, no hicimos nada” Crispin llama a esto cultura de la indignación.

En el capítulo Los Hombres no son Nuestro Problema, la autora transgrede el discurso tradicional y pide a los hombres que sientan, lean y  se sensibilicen por su propia cuenta. Que hagan su propio movimiento, mientras las mujeres buscamos la clave para un feminismo que rompa los estereotipos que nos han acompañado.

Este libro asume que si se busca una vida que acepte las comodidades que ofrece el patriarcado, entonces no se puede ser feminista. Además derrumba la sensación heróica en los actos de las mujeres de hoy en día y las regresa a un panorama desalentador.

No obstante, me parece que este es el camino a la auténtica revolución femenina.
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