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Xavier Díez de Urdanivia
Xavier Díez de Urdanivia
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Xavier Díez de Urdanivia es abogado (por la Escuela Libre de Derecho) Maestro en Administración Pública (por la Universidad Iberoamericana) y Doctor en Derecho (por la Universidad Complutense, Madrid). Ha ejercido diversas funciones públicas, entre las que destacan la de Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Coahuila, del que fue Presidente entre 1996 y 1999, y Abogado General de Pemex. Ha publicado varios libros y muy diversos artículos en las materias que constituyen su línea de investigación, e impartido conferencias, seminarios y cursos sobre las mismas. Actualmente es profesor de tiempo completo en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, donde imparte cátedra e investiga en materia de Derecho Constitucional, Teoría y Filosofía del Derecho y Teoría Política. También es colaborador de la página editorial de Zócalo y de Cuatro Columnas (de la Ciudad de Puebla), y lo ha sido del Sol del Norte y El Diario de Coahuila, así como de los noticieros del Canal 7 de televisión de Saltillo, Coah.

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07 Julio 2019 04:00:00
La seguridad y la economía
El presidente López Obrador ha insistido en que la inseguridad se debe a la falta de oferta ocupacional lícita para los jóvenes, a una economía “injusta” que, cuando deje de serlo y crezca de modo que sean accesibles a todos sus beneficios, ya no será atractivo dedicarse a actividades ilícitas para sobrevivir.

Paralelamente, porque la economía de alguna ayuda requerirá, el brazo fuerte del gobierno, ya limpio de corrupción y vicios, encarnaría en la Guardia Nacional que, aunque nutrida principalmente de fuentes militares de reclutamiento, absorbería también a la Policía Federal, cuyas funciones asumiría.

¡Menudo problema! Resulta que, según todos los indicadores serios, la economía no crecerá en suficiencia; antes, al contrario, crecerá a un ritmo y en dimensiones reducidas frente a las primeras previsiones y menos aún de lo que lo hizo en años anteriores.

¿Como conseguir así la bonanza indispensable para darle cabida a los millones de jóvenes que cada año se suman a la demanda de trabajo? Los recortes y ahorros obtenidos de la reducción de varios otros programas no serán suficiente, es claro.

No ayuda el hecho de que el modelo “estado de bienestar”, asistencial y dadivoso, que se ha adoptado, haya demostrado históricamente que lejos de producir bonanza para todos, conduce a lo contrario, porque su pretensión de satisfacer necesidades sin estimular el crecimiento económico, ayudas sin generación de riqueza, conduce irremisiblemente a la insuficiencia, la inflación galopante y el empobrecimiento generalizado, dado que ahuyenta las inversiones y desestimula las iniciativas de emprendimiento e inversión que son necesarias para generar riqueza. Este flanco, por lo que se ve y según indicadores dignos de confianza, no está bien cubierto.

El otro, infortunadamente, tampoco: la Guardia Nacional, tan polémica, tan discutida, de tan accidentado proceso de formación, no acaba todavía de cuajar y ya enfrenta un problema que, aunque sea superado en la coyuntura, muy probablemente dejará cicatrices que pueden resultar en serios daños estructurales en todo el aparato de seguridad y no solo en ella.

Aun suponiendo que, como afirman las autoridades, se trate de un número relativamente pequeño de policías federales inconformes el que se manifiesta inconforme con el tránsito a la Guardia Nacional; aunque así fuera, es insoslayable que se trata de un efecto causado por innumerables muestras de trato indigno y de desaseo en el proceso, que han impactado gravemente en la moral del nuevo cuerpo.

En la encrucijada histórica contemporánea, se corre el riesgo, por si eso fuera poco, de que ese efecto pueda cundir en la moral y la disciplina de otras corporaciones, con el consiguiente agravamiento de una situación que ya, en las condiciones presentes, es grave.

La reacción de la cúpula del mando, que ha tendido a restar importancia al movimiento e incluso a trasladar responsabilidades en él, no contribuye a la solución del conflicto.

Culpar al “neoliberalismo”, los “conservadores” y atribuir las causas a una hipotética conjura de una difusa -y mutante, por lo que se ve- “mafia del poder”, aleja la solución en la medida en que distrae de la búsqueda seria de las causas de la injusta estructura social, que tampoco podrá ver el éxito incrementando la fuerza, que, por definición, nada más cabe cuando falta el poder político, ese que radica en la capacidad de armonizar las energías y tendencias sociales todas, a partir de valores comunes y no de insultos, descalificaciones y violencia verbal, origen indefectible, además, de escalamientos que suelen llegar a episodios irreparables de violencia física.

Sensatez, conciliación y respeto es lo que falta. Diálogo constructivo, no confrontación y elusión se responsabilidades.

En este país cambiarán las cosas cuando exista una actitud generalizada en la que, cada uno y todos, reconozcan y respeten, continua y permanentemente, los derechos de los demás y cumplan con los deberes propios, por convicción y no por miedo. Si no es así, no habrá dádivas o fuerza que sean suficientes para traer la paz y seguridad que se echan de menos.
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