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Federico Muller
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01 Marzo 2019 03:52:00
La soberanía alimentaria
Uno de los graves problemas que enfrenta el mundo subdesarrollado, particularmente algunos países de Medio Oriente,  África y Latinoamérica, es su capacidad de producción agrícola, que además de los estragos que sufre por el cambio climático, ahora enfrenta otro fenómeno relativamente nuevo, que tiene que ver con grupos armados que tienen como objetivo destruir los campos agrícolas, o apoderarse de ellos, para explotarlos. Lamentablemente, los países que fueron colonias europeas en siglos pasados han sido los más afectados por esa nueva guerra silenciosa por la disputa de materias primas y recursos naturales.

Aunque en México ya se tuvo un caso de conflicto por el control de la distribución del agua potable en una ciudad del estado de Morelos (en donde los recursos monetarios que generaba llamaron la atención de un grupo armado), por la información que se ha publicado hasta ahora, sucesos similares no se han repetido, lo que de ninguna manera asegura que no existan otros casos en la República parecidos al mencionado. Más al sur del continente, en Colombia, grupos paramilitares se apoderaban de la explotación de la palma africana, contratados por terratenientes de la región para custodiar la producción de esa planta (Eco portal Net).

En donde han llegado a la barbarie es en países como Yemen y Palestina. Hace algún tiempo, el informe Estrategias de la Coalición en la Guerra de Yemen reportaba que los campos agrícolas eran los objetivos de bombardeos y ataques con misiles. La perversa estrategia por la lucha en el poder era destruir las fuentes de alimentación de la población (se calcula que 75% de ella es víctima de hambre y desnutrición) y para aislarla del resto del mundo se tiene militarmente bloqueado el puerto marítimo por donde ingresan las importaciones al país. Con ello, el éxodo de migrantes se multiplica hacia ciudades del viejo continente: los países europeos han mantenido una política de asilo al migrante, muy estricta y selectiva, a pesar de que históricamente ellos son corresponsables de las revueltas y guerras internas que suceden en sus excolonias.

Esos ejemplos traen a la memoria la célebre frase de un político mexicano de antaño: lograr la soberanía alimentaria de México, mediante la intervención del Gobierno en la producción agrícola. Durante la década de los 70, y principios de la siguiente, se estructuró un programa que permitía a los agricultores que usufructuaban el ejido -es decir, la llamada, tiempo después, agricultura social, que no dependía del riego de pozos hídricos, sino de la temporalidad de las lluvias- acceder con sus productos a una especie de sui generis mercado que era regulado por Conasupo, dependencia estatal que fijaba los precios (compra) de garantía de los principales productos del campo, que generalmente eran diferentes a los precios del mercado.

Durante algunos años el sistema funcionó, particularmente en incrementar los niveles de producción, porque la derrama económica no fue suficiente para mejorar las condiciones de vida de los campesinos. Sin embargo, no hay que perder de vista que todavía no se firmaba el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos y Canadá. La economía mexicana permanecía en muchos sectores aislada del comercio exterior. Con la firma del mencionado acuerdo,  las condiciones para la agricultura nacional han cambiado diametralmente, el campo requiere de nuevos esquemas que consideren las nuevas formas de producir, en donde la tecnología juega un papel preponderante en la mejora de la productividad rural.   
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