×
Verónica Marroquín
Verónica Marroquín
ver +

" Comentar Imprimir
29 Septiembre 2019 04:09:00
La sobreprotección inutiliza a tu hijo para la vida
QUERIDOS AMIGOS: Esperando se encuentren gozando de salud, y en compañía de su seres más queridos este domingo familiar.

Les cuento que desde que entré a mi primer trabajo formal, en el año de 1988, hace ya algunos ayeres, recuerdo bien, fue como titular de secundaria, me tocaron los primeros, yo apenas con 18 años, en San Luis Potosí. Alumnas de 12, 13 años, apenas les llevaba 5 y 6 años, fue una bella experiencia laboral, con personas muy lindas de verdad, yo era la más pequeña de todos los trabajadores, de hecho me trataban con mucho respeto y gran cariño, y desde entonces me percataba de ciertas conductas de los padres de familia, como la sobreprotección.

Después, al cambiarme a vivir en Aguascalientes, mi siguiente puesto fue de coordinadora de secundaria, entre otras funciones directivas a mi corta edad, también me fascino estar ahí, era también un colegio religioso, hice varias amistades, y entre ellas una amiga entrañable, que hace poco tuve la bendición de verla, mi querida Rocío, a quien tanto quiero, después de 28 años de una hermosa amistad, los lazos son más fuertes a pesar de la distancia, y ahí observé la misma situación de sobreprotección, así como a mi regreso a San Luís Potosí, ya trabajando con pequeños y hermosos niños de 2 y 3 años de maternal, que fue de los trabajos más satisfactorios y bellos, eso sí fue un gran reto para mí, ya que eran en su mayoría niños y niñas que requerían de educación especial, había de todo como en la viña del Señor, los recuerdo con gran nostalgia y amor a todos ellos, ahora tendrán como 25 y 26 años. Y bueno, así sucesivamente la sobreprotección era la barrera número uno en el aprendizaje y avance de los alumnos, grandes y chicos, por igual.

Siempre hacía entrevistas a los padres de familia, y uno de los puntos a tratar era la sobreprotección. Les explicaba que era maravilloso amar a sus hijos, y demostrarlo, y que obvio era lo primordial en un ser humano, sin embrago, se confundían las madres, y ese amor desbordado que tiene uno por sus hijos e hijas, te nubla la vista, ya que el hacerles todo, el no ponerles límites, reglas a seguir, responsabilidades en casa, el no valorar las indicaciones de los maestros, esto lejos de ayudar a la independencia de sus hijos, los pone en desventaja con los demás en el mundo real, que no es nada sencillo. Y que se les dificultará más integrarse a la vida afuera de sus hogares, la sobreprotección hace inseguros y con baja autoestima a los hijos, incapaces de resolver lo más sencillo como pudiera ser vestirse ellos mismos, bañarse, abrocharse las cintas de los zapatos, ahora ya muchos usan para mayor comodidad sin cintas. Pero la implicación que todo les hagamos, el que todo les resolvamos, que todo se los demos en charola de plata, será hacer hijos e hijas incapaces e inútiles en su vida, esto los hace vulnerables.

No quieren ver la verdad, pues es dolorosa, prefieren no ver la realidad, que no somos eternos, y que al morir los padres, los únicos que sufrirán por esa sobreprotección serán sus propios hijos. ¿Que harán cuando los padres falten o enfermen?, ¿quién los cuidará? ¿Y mantendrá? Y estoy hablando de todas las condiciones, sean hijos que no requieran de educación especial y los que sí la requieran, ambos han sido sobreprotegidos, y crean papás, eso es un gran egoísmo, el no ponerse en el lugar de su hijo, el no dejarlo hacer nada, de que se equivocara, que intentara, que cometiera errores, que los dejaran respirar para enfrentar la vida allá afuera de las paredes de su hogar.

Hay madres de familia que pareciera que viven en las escuelas, pareciera que no hay más qué hacer que estar vigilando en todo momento a su hijo, y a los maestros o personal que están a cargo. Por el amor de Dios, no sigan cometiendo ese terrible error de ser padres y madres sobreprotectores, al contrario, confíen en ellos, déjenlos aprender a ser independientes lo más posible, que se caigan y se levanten, eduquemos para la vida, eduquemos para estar y para no estar nosotros con ellos. Se los dice una madre que educó a sus hijas para no estar y hoy por hoy son autosuficientes, me iré tranquila, sabiendo que saben vivir en este mundo sin mí. “Enseñemos a cómo pescar, no a darles el pescado”.

Un abrazo y mi reconocimiento a todos los padres de familia que aun con lágrimas en sus ojos y dolor en el alma, dejan que sus hijos vivan en la realidad y no en una burbuja dentro del hogar. Hasta la próxima, su amiga Verónica, Diosito por delante.
Imprimir
COMENTARIOS



0 1 2 3 4 5