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Macario Schettino
Macario Schettino
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Doctor en Administración, candidato a doctor en Historia. Es profesor en la división de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey. Ha publicado 15 libros, el más reciente: "Cien años de Confusión. México en el siglo XX", con Taurus. Su columna consiste en análisis sencillos de fenómenos económicos y financieros.

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14 Julio 2009 03:35:18
La solución
El tema educativo siempre genera gran discusión, y lo que hemos estado comentando en este espacio no es excepción: muchos comentarios

Vamos a terminar hoy con esto, porque es necesario analizar los otros obstáculos al correcto desempeño de México, que son menos importantes, pero no despreciables. Y terminaremos siguiendo dos tipos de mensajes que varios amables lectores han enviado a la columna. Los dos tienen que ver con cómo solucionar el problema educativo que ya hemos descrito a grandes rasgos. El primero propone que México avance invirtiendo más en educación superior y en ciencia y tecnología.

Esta idea suena bien, pero es equivocada. No porque no se deba invertir en esos renglones que son fundamentales para el éxito de largo plazo, sino porque para que una inversión en ellos tenga sentido es necesario resolver antes varios problemas. El sistema educativo mexicano tiene muchos defectos, y uno de ellos es la educación superior. Se cree que dándole más dinero a las universidades públicas, en particular a la UNAM, el país va a ser más exitoso en este nivel educativo. Desafortunadamente, no es cierto. Las universidades poco pueden hacer cuando los jóvenes que llegan a ellas no pueden leer ni escribir, como es el caso hoy en México. Menos cuando la estructura de la universidad pública responde a las decisiones de los años 70, cuando el objetivo era controlar a los jóvenes, y no prepararlos para competir. Las universidades públicas en México son extremadamente costosas, y sus resultados son, en lo general, bastante malos. Suele usarse a la UNAM como ejemplo de lo contrario, argumentando que ahí se realiza un gran porcentaje de la investigación nacional. Lo que nunca se analiza es cuánto nos cuesta esa investigación. Peso por peso, hay muchas instituciones mucho más eficientes que la Nacional, empezando por la verdadera gloria de la investigación en México, el Cinvestav del Instituto Politécnico Nacional (IPN).

Peor aún, se confunde, en el caso de la UNAM, educación superior con investigación, y aunque son cosas cercanas, no son iguales. La Nacional produce un puñado de buenos estudiantes, por toneladas de personas incapaces de producir, pero a veces con título. Lo mismo ocurre con muchas universidades de provincia. En todos los casos, el costo de cada estudiante es similar al de una universidad privada de las más caras, pero no lo pagan los jóvenes, sino todos nosotros. De hecho, éste es uno de los subsidios más inequitativos que existen, según lo ha estudiado John Scott, profesor del CIDE y quien mejor ha analizado cómo las transferencias profundizan o aminoran la desigualdad en el país. La universidad pública no reduce la desigualdad, la incrementa, porque quienes llegan a ella no son los más pobres, sino que forman parte del 20% o 30% más rico de la población. Es un subsidio de todos hacia los más ricos, aunque estar en el 30% más rico no parezca ser rico (cosa de 8 mil pesos mensuales por familia).

El segundo tema, muy cercano a éste, tiene que ver con la exigencia de varios lectores acerca de una propuesta de solución al problema educativo. Ya habíamos comentado que cualquier solución exige la intervención del sindicato de profesores, porque es imposible resolver esto sin ellos y ellas. Por el contrario, su colaboración sería extraordinaria en muchos casos.

La dificultad de resolver este tema tiene que ver con la definición misma del sistema educativo. Para nosotros, por la forma en que se utilizó a la educación como soporte del régimen autoritario, legitimado con un discurso pobrista y justiciero, la educación es una especie de derecho natural que tiene como fin igualar a todos. Esto es totalmente incompatible con la educación como base de la generación de riqueza, que implica que el sistema educativo debe ser totalmente meritocrático.

Un sistema meritocrático significa que los niños y jóvenes van avanzando conforme pueden, y no nada más por estar presentes en el salón. Es decir, se requiere que, año tras año, tengamos un cierto número de reprobados que deberán repetir el año. Más duro aún, una vez superada la educación básica, para la que prácticamente todos los seres humanos deberían estar capacitados, cada año adicional de educación sólo debe ser accesible para quienes puedan aprovecharlo.

Este tipo de sistema educativo nivela sólo hasta los primeros 10 años de escolaridad, pero ya no garantiza a nadie terminar la preparatoria o la universidad. En este tipo de sistema, los exámenes van filtrando a quienes pueden avanzar y quienes no deben hacerlo. Esto no tiene nada que ver con la educación pública o privada, gratuita, sin fines de lucro o vil negocio, tiene que ver con el puro y simple mérito académico. Exámenes que deben realizarse al término de la educación básica, para tener acceso a la media superior; al término de ésta para entrar a la universidad, y al término de los estudios superiores para poder titularse.

Eso hacen los países civilizados, con diferentes métodos, para garantizar, en lo posible, que quien tiene un título tiene detrás los conocimientos mínimos para ejercer su profesión. Pero si todo mundo es licenciado, empieza uno a dudar del valor del título de marras. En México estamos apenas utilizando algunos exámenes para evaluar a las universidades, pero que no son determinantes en la obtención del título. Los hay para permitir a los jóvenes médicos continuar hacia la especialidad, pero no para retirarles un título con el que pueden causar mucho daño.

La solución al problema educativo de México es reconocer que la educación no puede ser un derecho absoluto. Debe serlo hasta terminar los primeros diez años, y después debe ser total y absolutamente meritocrático. Pero, para nuestra mentalidad medieval, eso suena inaceptable. Círculo vicioso: sólo la educación puede modificar nuestra mentalidad, pero sólo un cambio de mentalidad puede darnos educación en serio. Por eso es un obstáculo tan difícil de salvar.
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