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Aida Sifuentes
Aida Sifuentes
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Es originaria de Sabinas, Coahuila. Egresó de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Coahuila y actualmente estudia ingeniería civil en la misma universidad. Colaboró en el Centro Cultural Vito Alessio Robles como correctora de estilo, y se ha desempeñado como periodista cultural. Es ajedrecista profesional y lectora por vocación.

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24 Marzo 2019 03:55:00
La transformación del poder
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En los orígenes del juego de ajedrez no existía la dama, sino un visir que se colocaba junto al rey. Según una leyenda popular, la reina Isabel I de Castilla decidió transformar al consejero en reina, para darle un toque imperial y aumentar sus facultades en el juego. Algo similar ha pasado con la mujer en la historia de la humanidad.

Por años se consideró a la mujer como una versión de un hombre incompleto. A través de años de lucha feminista se han ido conquistando ciertos derechos que la han reposicionado en la sociedad; pero es una riña constante contra un sistema opresor donde lo natural es que los hombres lleven mano sobre los derechos, el poder y las decisiones.

El movimiento #MeToo nacido en redes sociales, es uno de las tendencias que más escabrosas resultan para el patriarcado. A través de la denuncia pública las mujeres han decidido señalar a sus agresores por acoso, hostigamiento y/o violencia física o sexual.

Este fin de semana en México cientos de escritoras tomaron la palabra en Twitter para hacer sus denuncias a través de mensaje privado a la cuenta @metooescritores o bien, utilizando el hashtag #MeTooEscritoresMexicanos.

La lista de acusados no es corta. La etiqueta llegó a ser número uno en tendencia nacional con todo tipo de opiniones encontradas. Algunos salieron a defenderse o a desmentir a las víctimas e incluso algunas editoriales y dependencias se han deslindado de seguir trabajando con perpetradores.

Mientras se aclara si son culpables o no, es curioso ver los muchos y diversos nombres de artistas que resultan señalados. Esperemos que la denuncia sea el primer paso en una transformación de la vida literaria del país y de la sociedad en general. Que las autoridades correspondientes tomen cartas en el asunto y que los organismos culturales reconsideren antes de extender sus invitaciones a quienes tienen denuncias penales por violencia. Sería una pena seguir viendo, por ejemplo, en la futura Feria del Libro de Coahuila a estos hombres que han sido acusados de violencia sexual o agresiones.

Este es sin duda un punto de quiebre en la literatura tradicional. Significa que las mujeres no están más dispuestas a quedarse calladas y sufrir acoso en silencio. Esta es la era en que la mujer ya no es acallada por el qué dirán y toma en sus manos el poder de elegir, decidir y denunciar. Enhorabuena por eso.
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