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Aida Sifuentes
Aida Sifuentes
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Es originaria de Sabinas, Coahuila. Egresó de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Coahuila y actualmente estudia ingeniería civil en la misma universidad. Colaboró en el Centro Cultural Vito Alessio Robles como correctora de estilo, y se ha desempeñado como periodista cultural. Es ajedrecista profesional y lectora por vocación.

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31 Marzo 2019 03:35:00
La transformación del poder: segunda parte
La mayoría de los grandes genios en la historia del ajedrez comparten una peculiaridad: fueron autodidactas.

Murphy aprendió solo cuando niño, Capablanca decía que él únicamente estudiaba durante la partida, Fischer era popular por jugar contra sí mismo.

Para quienes no somos genios, la recomendación habitual para subir de nivel en ajedrez es regresar a las propias partidas. Así podemos revisar nuestros errores, enmendarlos y no volver a repetirlos.

Lo mismo sucede en la vida diaria. Si no somos capaces de hacer un alto para reflexionar en lo que hacemos mal y redireccionar el camino, seguiremos dando vueltas eternamente.

La semana pasada, luego del movimiento #MeetooEscritoresMexicanos, el hashtag se replicó extendiéndose a distintos ámbitos: música, cine o ciudades específicas. Fue impresionante (pero no sorpresivo) ver la cantidad de nombres que figuraron en los distintos círculos laborales.

Algunos agitaban la bandera de aliados feministas orgullosos del movimiento #meetoo, y tan sólo un par de horas después, salieron enjuiciados como acosadores. Luego se desmentían adjudicando problemas emocionales, estado de ebriedad o el mismo desconocimiento sobre que lo que hacían era violencia.

Otros más optaron por hacerse invisibles en redes y ni siquiera pronunciarse, no fuera que al agitar las aguas alguien los recordara también. 

Ahora que las mujeres han tomado la antorcha feminista y están dispuestas a incendiarlo todo, la pregunta es ¿qué vamos a construir después que el sistema patriarcal donde se reproducía la violencia sea reducido a cenizas?

Tenemos cientos de nombres, víctimas y centros laborales donde la violencia se replicaba sin que nadie interviniera.

¿Qué hacer con toda esa información? Supongamos que esto es una partida de ajedrez finalizada. Ya se hizo el primer cambio: no volver a quedarnos calladas después de ser acosadas o violentadas.

El señalamiento masivo fue difícil pero necesario. Así se tomará conciencia las actitudes que no son saludables y no habrá más pretextos “no sabía que era malo” ; también las víctimas aprenderán que no están solas. Nunca más.

Aún queda mucho camino por recorrer pero ya hemos dado el primer paso: el autoanálisis de nuestras relaciones sociales.

Sólo así podremos saltar a un mejor nivel de interacciones hasta que la violencia se reduzca a simples casos aislados y no a un patrón sistémico.
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