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Fausto Fernández Ponte
Fausto Fernández Ponte
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Don fausto fernández ponte es poseedor de un impresionante y sólido currículum: 50 años de periodista profesional. Su opinión y columnas periodísticas son respetadas en ese ámbito, por el prestigio que a pulso se ha ganado, es considerado una autoridad en su campo. Además de corresponsal de guerra, ha entrevistado a jefes de estado y de gobierno de la talla de Lyndon B. Johnson, Richard M. Nixon, Indira Gandhi y William Clinton.

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29 Enero 2009 04:37:01
La tripolarización I
La fe religiosa no determina una opción política: Caridad Diego Bello

I

Las caras y caros leyentes de éste espacio, doquiera se hallen, le han formulado de guisa variopinta al escribidor inquisitorias acerca de cuáles son los problemas de México y cuáles secuencialmente las soluciones.

Un leyente que por su pobreza lexicográfica supondríasele joven -de unos 20 a 30 años de edad- inquiere a quemarropa precisamente acerca del origen y la naturaleza de los problemas de México y cómo resolverlos.

Y, otra leyente, cuyo nombre sugiere influencia europea identifica los problemas de México pero inquiere acerca de los métodos para superarlos o por lo menos -plantea- paliar de alguna forma sus secuelas.

Otro leyente afirma no registrar ni discernir ni mucho menos identificar problemas “serios” en México, aunque reconoce que la inseguridad pública -que, dice, “ya me llegó”- es motivo de “preocupación, aunque pasajera”.

Otro leyente expresa angustia por los problemas de México -que enumera así: 1) inseguridad, 2) desempleo, 3) incertidumbre y 4) “corrupción abierta de gobernantes y gobernados”- y propone “pedirle a Dios un milagro”.

En esos deseos adviértese vehemencia social. Por lo menos una tercera parte de las 21 misivas recibidas en enero propone como solución a los problemas de México invocar a la Providencia que ya no castigue más a los mexicanos”.

“Tengamos fe en Dios y en la Iglesia”, nos escribe Blanca Elena Ramonille. “El pueblo de México es el más católico del mundo. Esa enorme y profunda fe nos está señalando el camino para salir del atolladero”.

II

Otra tercera parte -siete misivas- del lectorado es, como la anterior, pasiva. Piensa que los problemas serán superados con un líder que salve la patria. “Se necesita un Hidalgo, un Morelos, un Juárez, un Madero, un Zapata, un Cárdenas”.

Destáquese que estas misivas aquí consignadas son de leyentes de periódicos virtuales -de Internet- y ninguno de los 35 diarios que en todo el país publican ésta columna. Ese hecho deviene en moraleja.

Y la moraleja es la de que, gústese y acéptese o no, la herramienta que acorta distancias en el ciberespacio planetario y permite la difusión instantánea de sucedidos e ideas, es cada día más común.

Subráyese también, por otra parte, que un grueso importante de leyentes de éste espacio no viven en México aunque supondríaseles mexicanos o, si extranjeros, interesados en los asuntos de aquí. Muchos son latinoamericanos.

Esto sugiere ciertas conclusiones acerca del fenómeno de la globalización de la difusión que, contrario a lo que suele presumirse, no es total ni general, sino únicamente difusora y financiera, con fines obvios.

Y uno de esos fines obvios es, preciso sería acentuarlo, el uso de esa tecnología para inducir conductas colectivas, manipulación de emociones sociales y sentires y pareceres societales en países y continentes.

El fenómeno tiene nombre: control social mediante aculturación de valores morales y éticos devenidos de experiencias históricas ajenas a la de México o desarrolladas con estrategias específicas:

III

Esas estrategias específicas son las de reproducir sistemas o formas o modelos de organización económica y política de mercado y consumo y saqueo de bienes patrimoniales de países y pueblos enteros. Eso ocurre en México.

Su efecto es corrosivo. Un modelo económico, político y social así es causal de desigualdad -pobreza, inseguridad social- injusticia (desempleo) y ejercicio inicuo del poder. Esto origina descomposición.

Y esa descomposición es la manifestación más visible, obvia y elocuente de los problemas de México. Dos terceras partes de la población no la registran ni disciernen ni comprenden o, acaso, sólo parcialmente.

La otra tercera parte preconiza una metamorfosis cabal del modelo: refundar incluso al Estado mexicano. En lo económico, uno justo e igualitario; en lo político, uno libertario y tolerante, laico y desprejuiciado.

Y, en lo social, un modelo solidario, de fraternidad, de seguridad social, menos orientado al individualismo egoísta, el de la filosofía del “primero yo, después yo y siempre yo”. ¿Cómo lograr esa meta?

Primero, tomar conciencia de que existe una tripolarización ideológica, política y político-cultural en México. Ello define una pluralidad omnipresente que se origina, a su vez, en la desigualdad y la injusticia vigentes.

¿Detonará una toma de conciencia en dos de los tres polos ideológicos, políticos y político-culturales la cada día más rápida proletarización de las clases medias? Éstas, piénsese, fueron creadas por una revolución, la de 1910.

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