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Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
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Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

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03 Abril 2018 04:00:00
La triste historia de los centros de rehabilitación patito
¿Casas de rehabilitación patito, de pésima calidad? ¿Por qué una madre o un padre de familia internaría a su hija o hijo ahí? El problema básico es así: tiene usted una hija (es más angustiante si es una chica adolescente) que antes era una buena estudiante, pero que a eso de los 13 años empezó a rebelarse, a llegar tarde a la casa, dejó de cumplir en la escuela y se junta con muchachos y muchachas con poco o ningún control familiar.

Si se le ordena quedarse en casa por la noche, hace lo imposible por salir y ya no se le controla con regaños ni castigos. Algunas veces no ha llegado en toda la noche y en otras llega en muy mal estado, tal vez por exceso de alcohol o por algunas otras sustancias, que incluso le han encontrado entre sus pertenencias.

Los padres están de-sesperados, pero la solución no es clara: ella se resiste a recibir ayuda en el Centro de Integración Juvenil o en los CAIF. En dos o tres ocasiones seguidas llega casi al borde de la intoxicación y finalmente una noche la traen comatosa, el tamaño de sus pupilas es grande y no se dilatan a la luz, sufre agitación, convulsiones y temblores, siente que miles de arañas la persiguen y casi no puede respirar.

Alarmados, la llevan a la Cruz Roja y de ahí la remiten al Centro Estatal de Salud Mental, en donde le dan la atención de primer contacto, pero no la pueden dejar internada porque está sobresaturado.

Ella necesita tratamiento y acepta tomarlo, pero debe internarse y la familia no tiene recursos económicos para hacerlo. Una vecina conoce un lugar y usted lleva ahí a su hija. El estado de angustia por los síntomas y la urgencia de tratamiento hacen que acepte casi cualquier opción.

Es una casa particular, sin anuncios ni referencias de ningún tipo porque es un grupo de autoayuda de los denominados anexos, que son organizados por personas que vencieron su adicción y tratan de extender su esfuerzo curativo a los demás, pero sin técnicas claras y basados en una pobre interpretación de la técnica de los 12 pasos de Alcohólicos Anónimos.

No cuentan con asesoría médica o sicológica en el tratamiento de las adicciones y funcionando con base en la represión o dirección forzada, creyendo de buena fe que la razón que lleva a las drogas es la falta de rigidez en los hábitos y que las carencias de casi todo harán que el adicto valore lo que tenía.

Como los encargados no son profesionales, no tienen protocolos de actuación de ninguna especie ni entrenamiento en salud mental, sin solucionar los múltiples problemas que se presentan a cada momento.

A los pocos días le habla su hija y para que la saque de ahí le dice que no solamente la han estado castigando físicamente, sino que además abusan de ella en lo sexual. Cierto o no, usted no va a dejar a su hija en ese lugar, pero ya no habrá otras opciones para ella y tal vez reincida, y de nuevo a empezar.

Hace unos días fue intervenida una casa de rehabilitación para alcohólicos y drogadictos de los centros llamados Los Perros Sin Dueño, de un grupo liberal conocido como “fuera de serie de Alcohólicos Anónimos” que existe en varias partes de la República.

Ellos aseguran que no admiten internos por la fuerza, sólo permanencia voluntaria, trabajan con los principios del programa de Alcohólicos Anónimos, se rigen por el respeto a la integridad física del interno y los manejan exadictos, pero por supuesto que no es correcto abrir un centro de rehabilitación con sólo buena voluntad, porque esa no es suficiente.

Es importante que se tenga definido el modelo para aplicar y capacitación en técnicas como las intervenciones breves, los tratamientos cognitivos, las estrategias centradas en el afrontamiento para prevenir las recaídas, los tratamientos cognitivo-conductuales, los programas de desintoxicación, seguimiento y apoyo a las familias y a la comunidad, y con el permiso de la autoridad sanitaria, que es esencial.

Pero, ¿quién los capacita? En Coahuila solamente hay 40 centros de rehabilitación de adicciones registrados legalmente y en operación, y eso es patético porque (según el INEGI y la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2016-2017) 16.4% de la población de 26 a 34 años usa drogas con alguna frecuencia.

Si la población en ese rango de edad es de 426 mil 561 personas, esto quiere decir que la población a atender en el estado es de 69 mil 956 adultos, pero la cifra más preocupante es el segmento de población de 12 a 25 años: 14.4% es usuario de algún tipo de droga.

Y se reportan 492 mil 74 en esta cohorte, es decir, 70 mil 858 personas consumen alguna droga. Son 140 mil 814 personas las que requieren algún tipo de ayuda y le corresponden 3 mil 520 a cada centro, lo cual la torna imposible.

Esto explica por qué la gente interna a sus parientes en tales anexos: con una política pública que dedica el 1% del PIB a la salud mental, no hay otro remedio más allá que acudir a un purgatorio para sacar a los hijos del infierno de las drogas.
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