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Rafael Flores Ramos
Rafael Flores Ramos
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18 Agosto 2012 03:00:40
La veleidosa fortuna
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Raúl Cárdenas Silva

Existen múltiples anécdotas relativas a la suerte que han experimentado quienes participan en rifas o sorteos, algunos achacan a tal hecho su repentino enriquecimiento, mientras que otros lo han aprovechado para cambiar su lugar de residencia; no falta quienes ya enajenados dilapidan sus recursos en la búsqueda de un cómodo futuro anhelado por muchos años, etcétera. Con base en lo anotado, he aquí algunos casos que nos ayudarán a comprender las veleidades de la fortuna.

En época navideña, cierta institución rifó 10 series que jugarían en el correspondiente magno sorteo anual de la Lotería Nacional, nuestro amigo afortunado nos aseguró que iría por todo, es decir, que no vendería ningún cachito. Coincidentemente en esa ocasión el premio mayor cayó aquí en Saltillo, de inmediato llamamos a nuestro héroe para felicitarle, seguros de que había sido favorecido en alguna de las 10 oportunidades; él nos contestó que increíblemente no había obtenido más de los consabidos reintegros.

En una dependencia federal se organizaron los empleados para, entre todos y a prorrata, adquirir una serie del sorteo especial de la Lotería Nacional del 15 de septiembre; para el efecto, entregaron la suma recolectada a una secretaria para que “una mano santa” lo escogiese al día siguiente que acudiría el vendedor concertado para tal fin. A media mañana que llegó el aludido, delante de todos le mostró a la seleccionada las últimas dos series que le quedaban para que se decidiera por alguna. Ella, desde luego, optó por “la que le latió” mostrándola a todos y guardándola en la caja fuerte. Desgraciadamente la serie menospreciada fue favorecida con un importante premio, serie que por supuesto todos recordaban perfectamente… ¡la pobre mujer faltó varios días a su trabajo!

En cierta posada navideña, los organizadores pidieron a la señora de un matrimonio que sacara el número de la siguiente rifa, así lo hizo, favoreciendo la suerte a su propio esposo; como suele suceder, al señor le solicitaron sacar un nuevo número y al hacerlo la sorpresa fue general, extrajo precisamente el que correspondía a su pareja.

En un bar rifaban un arcón navideño, se hicieron tantos números como parroquianos había, se vendieron casi todos excepto uno, cuyo potencial adquirente argumentó no disponer de efectivo ya que como cliente asiduo firmaba la nota. Después de esperar a que llegara alguien para vendérselo y ante el fracaso, lograron convencer al renuente comprador para que pagase con cheque, que era lo único que traía. ¡Se cumplió el adagio: “número rogado, número premiado”!, con lo que el tipo afortunado se fue feliz a casa con su inesperado premio.

Entre más se participe, las probabilidades de éxito aumentarán, regla muy cierta que, como todas, admite excepciones. Un amigo ganaba casi todas las rifas en que participaba, al preguntarle cómo le hacía, sacó del bolsillo un fajo de boletos caducos diciéndonos: “Para ganar pocas, hay que estar en muchas”; sin embargo, un compañero, por el contrario, conservaba una gaveta repleta de intentos fallidos jugados en los últimos 25 años.
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