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Jorge Zepeda Patterson
Jorge Zepeda Patterson
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03 Marzo 2013 05:10:08
La vida después de Elba
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Alguien redactó un tuit que lo describe todo: “Calderón se debe estar diciendo: Ah, ¡sí se podía!”. Y en efecto, lo más sorprendente de todo el “elbazo”, “quinazo” o como le quiera usted llamar, es que resultó muy fácil de aplicar.

Hace cuatro meses varios colegas periodistas hicimos una quiniela para escoger el candidato más propicio para un posible quinazo en el sexenio de Peña Nieto. La mayoría apostamos por algún ex gobernador. Sólo uno de nosotros señaló a la maestra Elba Esther Gordillo. Los demás contra argumentamos sobre el costo político que eso supondría: la necesidad de los votos del Panal, el probable regreso al PRI de La Maestra, el riesgo de inestabilidad entre las filas del magisterio, etcétera. Pues nada de eso sucedió. El sindicato ya dobló las manos, el Panal quedará como satélite del PRI y colorín colorado. Desde luego el gran ganador de esta maniobra es Enrique Peña Nieto. A partir de este lunes la figura presidencial amanecerá con una luminosidad de la que carecía hace una semana. Las razones son muchas.

Primero, incluso los detractores del PRI reconocen el oficio de los que operaron la maniobra. Un trabajo de microcirugía en materia política y jurídica. Llevaron el asunto en absoluto sigilo durante meses, neutralizaron de antemano o simultáneamente los focos de potencial peligro y escogieron el momento con precisión de relojero. Ni siquiera tuvieron que apagar fuegos porque antes se habían asegurado de eliminar todo material inflamable. Después de esta jugada, la cabeza de la Presidencia sobresale varios centímetros sobre el resto de los poderes fácticos. Desde finales del zedillismo, y durante los sexenios panistas, el Ejecutivo había perdido capacidad de arbitrar al resto de los actores políticos y económicos. Pero a partir de esta muestra de poder, Peña adquiere un margen de maniobra y negociación del que carecían sus inmediatos predecesores.

Ahora los gobernadores saben que Los Pinos tiene la fuerza y la habilidad para hacerles morder el polvo si se lo propone. Los monopolios y los dueños del dinero serán un poco menos soberbios que hace algunos días, y los líderes sindicales… bueno, ellos se lo pensarán mil veces antes de desafiar al PRI, luego de lo que le sucedió a Elba Esther. El mensaje es claro: “el poder no es personal sino del sistema, no te confundas”.

La principal motivación para el elbazo era justamente esa. Darle al árbitro tarjetas amarillas y rojas frente a la rudeza de los jugadores. Podemos estar seguros de que la negociación de las reformas fiscal y energética (por no hablar de la educativa) transitará por caminos menos pedregosos de lo que hubieran sido sin este manotazo presidencial.

Pero hay otros beneficios colaterales. Recuperar el activo político que representa el SNTE no es poca cosa para el PRI. 1.4 millones de agremiados repartidos en todo el territorio nacional no sólo son muchos votos, sino una base social y geográfica formidable, sobre todo en zonas rurales, donde la influencia del maestro va mucho más allá de los confines de una aula.

Otro favorable efecto secundario es el prestigio político que genera en la opinión pública ir en contra de un personaje tan denostado y repudiado popularmente como Gordillo. Una villana perfecta para ventilar esta operación como un golpe en contra de la corrupción. De hecho, me parece que se les pasó la mano en la venta a la opinión pública.

No era necesario que el Presidente apareciera la misma noche en cadena nacional para afirmar que era una medida en contra del abuso y la corrupción. Decir que los líderes deben saber que el dinero es de sus agremiados, y dejar intocado a Romero Deschamps del sindicato de Pemex, hace bastante cínico el llamado a la honestidad.

Una frase que se le recordará al Presidente cuando se haga público el siguiente abuso de un líder o sus familiares en las redes y los periódicos. Los operadores de Peña Nieto deberían estar convenciendo a cuatro o cinco líderes conspicuos (Pemex, burócratas, ferrocarrileros) de desaparecer de los reflectores y jubilarse. Su sola presencia es una burla a cualquier intento presidencial de atribuirse un compromiso de lucha en contra de la corrupción.

Con todo, las ganancias están a la vista. El PAN más bocabajeado que nunca, el PRD en guerra civil soterrada, el PRI demostrando con hechos el oficio que se le presumía. Y Peña Nieto arrancando, ahora sí, el sexenio. En su tablero de control han aparecido botones y palancas que antes no tenía. Veremos que hace con ellas.
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