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José Luis del Río y Santiago
José Luis del Río y Santiago
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Actualmente es rector de la iglesia San Pablo Apóstol, ubicada en Los Valdés y encargado de la Comisión de Nuevas parroquias en la Diócesis de Saltillo, y catedrático en el Seminario de Historia de la Iglesia y Teoría Odegética. Su trayectoria por tres décadas en el Ojo de Agua lo distinguen, y más aún el hecho de que sea el único sacerdote exorcista autorizado, estudios que cursó por cuenta propia, además de actualizaciones a través de cinco congresos internacionales.

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09 Mayo 2011 03:00:30
La vida después de la vida
¿Cuál es la idea más común que tiene la gente acerca de la vida futura en su estado definitivo, esto es, después de la resurrección de los muertos? Más o menos sería la siguiente: en la vida futura el hombre salvado “verá a Dios”. Algunos piensan, además, que lo amarán. Mucho menos gente piensa que no vivirán solamente en el conocimiento y tendencia espiritual hacia Dios, sino que también los impulsos de su cuerpo glorificado, (de sus sentidos y sentimientos glorificados) tiendan hacia Dios.

Otros piensan que, además, Dios será el contenido principal de la vida futura, pero aun así consideran a Dios solamente en la unidad de su naturaleza más bien que en una “trinidad de Personas”. Y si en esta visión le dan algún lugar a la humanidad glorificada de Cristo y de los redimidos, esta humanidad, es de nuevo, más bien el objeto de las fuerzas puramente espirituales del hombre y en menor medida se piensa en la humanidad “corporal”, en la cual el hombre regula los sentimientos y los sentidos que radican en su cuerpo. Además, esta idea considera al redimido más como un individuo que como un miembro de la “sociedad glorificada”.

De manera semejante la gente piensa, mucho menos, en el “servicio al prójimo en la caridad” en la vida futura, en aquel servicio que constituye el núcleo mismo de la existencia cristiana y que, por lo tanto, también será el núcleo de la existencia en el estado de gloria. Todavía, mucho menos gente, piensa en el nuevo “universo glorificado”, en el cual estará integrada la sociedad redimida, esto es, que al cielo nuevo, le corresponde una tierra nueva. De la misma manera sucederá que el amor de los redimidos por este universo glorificado estará unido tanto a Dios como a los creyentes. Por lo tanto la actividad glorificada de los redimidos abarcará, necesariamente, al nuevo universo, en un dinamismo interminable. La Iglesia conduce a la gente, a partir de esta visión limitada de la vida futura, a una idea más amplia y, teológicamente más justa.

En efecto, al hablarnos de “la tierra nueva y el cielo nuevo” se expresa hablando de la “Iglesia celeste”, e inmediatamente se refiere a todo “el universo” que debe ser también transfigurado, esto es, Dios mismo nos prepara una nueva habitación, una tierra nueva, un cuerpo glorificado, una creación que será liberada “de la esclavitud de la vanidad”, un “cuerpo de la humanidad nueva” que hoy siempre está en desarrollo y que ya desde ahora nos permite ver una cierta transfiguración que incluye al mundo nuevo. Entonces, será cuando, en el mundo futuro, sea glorificado “el cuerpo entero de la familia humana”. La comunidad fraterna que estamos realizando sobre la tierra, la encontraremos de nuevo en la otra vida, pero “purificada de toda mancha, iluminada y transfigurada”, cuando “Cristo entregue al Padre un Reino Eterno y Universal”.

¡Cuán superior es todo esto, al hecho de solamente “ver a Dios”, que es la idea más común y muy limitada de la gente!
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