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Cholyn Garza
Cholyn Garza
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Cholyn Garza nació en Veracruz. Radica en Piedras Negras, Coahuila desde 1961. Es licenciada en Desarrollo Humano y Diplomada en Derechos Humanos. Se inició profesionalmente en el periodismo en 1995 en el Periódico Zócalo de Piedras Negras. Le preocupa la problemática social y le apasionan los temás políticos.

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11 Mayo 2019 04:00:00
La vida, es un instante
La vida es corta, no importa cuánto la vivamos. Por eso es importante que la apreciemos, que realmente valoremos lo que significa vivir.

Estamos de paso en este mundo y de la misma manera que nuestro nacimiento pudo haberse llevado a cabo en un instante; así también el final puede llegar repentinamente o con la rapidez que nadie quisiera, sin dar la oportunidad a realizar nuevos proyectos o a cumplir anhelos.

El tiempo se agota y cada día que pasa, hay que procurar celebrar su llegada con alegría porque constituye una bendición, un gran regalo del Cielo, que desafortunadamente no se valora en su justa dimensión.

No se que está sucediendo de un tiempo a la fecha, pero resulta verdaderamente dramático y doloroso los casos donde la vida está en un riesgo latente, al grado de que en un instante lo que minutos antes era luz, se convierte en oscuridad.

Preocupan situaciones que están sucediendo con mayor frecuencia. Enfermedades que de la noche a la mañana llegan y que no permiten tregua alguna. Poco tiempo de vida sin que haya habido anuncio previo para evitar o retrasar al menos el desenlace.

He escuchado en diferentes ocasiones esta frase: “Estaba bien y repentinamente empezó a sentirse mal”. Cuando la enfermedad aparece, el mal ha hecho estragos al grado de no permitir la recuperación del paciente.

La contaminación ambiental, en la cual participamos todos con el desorden y la falta de amor a la naturaleza, ha propiciado la aparición de enfermedades; que quizás existían, pero hoy se están agudizando más.

Nuestro planeta, que es nuestra casa común ha resentido el comportamiento agresivo de los seres humanos, a quienes parecería no importar el agravio a la naturaleza donde se pone en riesgo la supervivencia de la humanidad.

Tala desmedida de árboles, contaminación de ríos y mares. Desechos tóxicos tirados como basura que van causando un daño irreversible a los animales y por supuesto a los seres humanos.

Otra situación que se está presentando peligrosamente es la violencia. En hogares, en el trabajo, en los centros escolares, en la sociedad. Violencia que está afectando de manera cruel a una población vulnerable: los niños y jóvenes.

Sabemos que ya nadie está seguro en ningún lado; porque no se trata de participar en alguna riña o andar buscando pleito. La delincuencia se ha tornado muy agresiva y está invadiendo todos los espacios.

Ingresa a lugares públicos que antes no tenían los delincuentes contemplados, tal vez porque sabían que existía personal de seguridad que podían ejercer su autoridad y eran detenidos si cometían algún ilícito.

Lamentablemente, poco a poco al sentirse protegidos de alguna manera por la impartición de la “justicia”, que respeta “sus derechos” (no sabía que robar, asaltar, cometer un delito, sea un “derecho”), se atreven a ingresar a lugares públicos de comida, de embellecimiento, almacenes, transporte, en fin; disponen a su antojo de cualquier sitio.

Y la verdad, no es justo. Porque esos individuos al otorgarles las leyes infinidad de beneficios, se han convertido en verdaderos verdugos de la sociedad.

No respetan la vida de nadie porque no les importa el ser humano. Bandas de criminales se multiplican peligrosamente poniendo en riesgo a los ciudadanos y también a la propia autoridad que no sabe cómo actuar.

Quienes se supone deben poner orden, desde hace ya un buen tiempo fueron rebasados por las bandas de delincuentes.

Las calles en ocasiones se convierten en campos de batalla; en universidades han salido a relucir las armas que son portadas ya sea por maestros o los mismos alumnos. Nadie está seguro ya en ningún lado.

Todo esto corresponde a un desprecio total a la vida humana por parte de individuos, que se sienten con derecho a disponer de la existencia de aquellos que no se someten a sus perversos intereses. Se atreven a poner precio a la vida de un ser humano encontrando siempre el sicario que por determinada cantidad habrá de cumplir la orden.

La vida humana, nuestra vida, la de todos los seres vivos sobre la tierra, vale mucho y Dios nos la dio para cuidarla, para hacer de ella algo grande y valioso. La vida no tiene precio y nadie tiene el derecho de atentar contra otro ser, por la razón que sea. Nada justifica una acción tan perversa como cruel.

Nadie tiene derecho a privar de la existencia a otro ser y a convertir las ciudades en tierra de nadie, donde el terror se impone con la amenaza de las armas, como está sucediendo en el Estado de Morelos y en otras ciudades de nuestro México. Un castigo ejemplar hace falta ya, que se aplique a quienes agreden a la sociedad.

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