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Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
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Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

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24 Septiembre 2018 04:00:00
La violencia escolar daña a la sociedad
El año 2017 fue el que tuvo el más alto nivel en la crisis global de angustia en la que estamos envueltos (según el Gallup 2018 Global Emotions Report).

Las personas, en todo el mundo, estuvieron más estresadas, inquietas y tristes que nunca antes, aclarando que estas encuestas tienen sólo 12 años de realización.

Las tendencias globales de los últimos años, como el calentamiento global, la crisis mundial de los refugiados, la extensión del terrorismo y la guerra, las crecientes desigualdades sociales, la crisis de los modelos políticos, según marca el informe, han llevado a la opinión pública a considerar que el mundo es cada vez más peligroso e inestable, lo que provoca la presencia de la angustia, que se fortifica con la indefinición de la visión de la realidad.

Si usted tiene seguridad en el futuro, aunque sea ficticia, la angustia es fácil de dominar. ¿Pero cuál ha sido la principal razón del aumento de angustia social en nuestros tiempos?, sin duda, el aumento de la percepción de la violencia social.

Estamos en medio de una ola irrefrenable de violencia, no solamente física, sino que abarca todas las áreas de la vida: en las calles, en la familia, en la economía y (muy especialmente) en redes sociales. Pero también en la escuela.

Una investigación actual (Witnessing Violence in Early Secondary School Predicts Subsequent Student Impairment. Michel Janosz et al. J Epidemiol Community Health doi: 10.1136/jech-2018-211203) acaba de demostrar que la violencia escolar daña de manera semejante tanto a las víctimas como a los testigos que la observan, dejando secuelas sicológicas, sociales y escolares que se manifiestan dos años después.

Y lo más grave es que esos efectos se traducen en drogas, delincuencia, depresión, ansiedad social y menor rendimiento escolar. La edad más sensible son los 13 años, cuando inician la educación secundaria y los efectos se manifiestan dos años después, en pleno desarrollo de la adolescencia, teniendo más posibilidad de sufrir comportamientos antisociales (consumo de drogas, delincuencia), el estrés emocional (ansiedad social, depresión) y baja del rendimiento y el compromiso escolar que los alumnos que no fueron víctimas o testigos de esa violencia.

La investigación incluso precisó los efectos de las diferentes formas de violencia: si un alumno es testigo de un episodio de violencia grave, como una agresión física con un arma, esa vivencia está asociada, dos años más tarde, con un aumento en el consumo de drogas y de la delincuencia.

El efecto es el mismo ya se trate de robo o vandalismo. Ser testigo de una violencia menor, como amenazas e insultos, provocará años más tarde en el alumno no sólo un aumento en el consumo de drogas, sino también ansiedad social y depresión, así como una disminución en el rendimiento y la participación escolar.

Los resultados de la violencia incluso pueden ser factor de la deserción en tercero de secundaria y el abandono en media superior, tan preocupante actualmente.

Además, sería uno de los factores del aumento constante de suicidios en esa edad, así como la disminución de la edad de entrada al consumo de alcohol, ahora ya determinado a los 15 años.

Pero la investigación aporta respuestas: el profesor Michel Janosz, uno de los autores de esta investigación, señala que: “es evidente que los esfuerzos en materia de prevención y de intervención (en los casos de acoso escolar) deben incluir los testimonios, tanto de las víctimas como de los agresores, así como abarcar a cualquier forma de violencia escolar”, y dice: “es evidente que las relaciones familiares y comunitarias sólidas representan recursos importantes para facilitar las estrategias de adaptación en los alumnos expuestos a episodios que implican daños sicológicos o físicos. Estas relaciones previenen asimismo una desensibilización emocional de la violencia, elemento susceptible de engendrar comportamientos agresivos en los jóvenes”.

Insiste en la importancia de utilizar los resultados de este estudio para ayudar a los jóvenes: “creemos que los programas de intervención mejorarían una aproximación universal que aliente y generalice la preocupación por los demás y la intolerancia hacia la falta de respeto. Las escuelas deben alentar a los alumnos que presencian violencia a reaccionar y no sentirse impotentes ante estas situaciones. Callarse no sólo puede ser nefasto para el testigo, sino que además anima a los agresores. La mejor manera de ofrecer ayuda a los que la necesitan es desarrollar en los alumnos un sentimiento de responsabilidad colectiva. Nadie debería sentirse impotente”, concluye.

Sin duda es un buen camino para disminuir la angustia social y entender importantes fenómenos educativos.
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