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Federico Muller
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17 Abril 2020 03:00:00
Las Afores al rescate de la economía mexicana
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Desde que llegó el Covid-19 a México -al cual el Presidente de los Estados Unidos le llama chino, en una clara denostación al Gobierno del gigante asiático-, cualquier pronóstico de las actividades económicas que se quiera llevar a cabo por las entidades nacionales o extranjeras mejor informadas, puede ser engañoso, al subestimar o sobrestimar la magnitud que tendrá en el empleo y consumo de la población mexicana. El panorama que se vislumbra no es nada halagador, y más lo ennegrece el que la causa del problema recesivo no es económico, sino de salud pública a escala planetaria, lo que dificulta la formulación de políticas públicas.

Quizá una de las excepciones al avance moderado del crecimiento económico que experimentaban las economías desarrolladas antes de la pandemia, sea nuestro propio país, que ya en 2019 presentaba indicadores macroeconómicos negativos, o en el mejor de los casos, estancados. Se levantan algunas voces que piden, con justa razón, la intervención más amplia del Gobierno. Todos coinciden en que la debacle económica por venir no puede ser resuelta por el mercado.

El programa que puso en marcha el Gobierno estadunidense después de la Gran Depresión (1929-34) se enfocó en reactivar la demanda agregada; no obstante, sería un error querer seguir la misma receta para tratar de neutralizar las consecuencias económicas del coronavirus, pues simplemente el contexto económico y mundial es muy diferente al de los años 20. A partir de esto se probaba, por cierto con éxito, una nueva teoría: la keynesiana.

Sin embargo, para la debacle que se avecina en el segundo decenio del siglo 21 no hay nada escrito en el sentido de configuraciones teóricas, los países siguen aplicando políticas de corte keynesiano, y poco se sabe de sus resultados. En el caso de la economía nacional, al secretario de Hacienda y al propio Presidente de la República se les han presentado propuestas económicas para enfrentar la crisis, una de ellas la que elaboró la Asociación Mexicana de Administradoras de Ahorro para el
Retiro (Amafore), que debe analizarse detenidamente porque están en juego los ahorros de muchos trabajadores mexicanos para su retiro en el mediano y largo plazo. Aunque el planteamiento que hace dicha administradora, según su presidente, ya fue “probado” en otros países miembros de la OCDE y fue efectivo, pues produjo los resultados que esperaban.

La Amafore administraba, antes de la explosión de la pandemia, recursos por un monto de 4.03 billones de pesos, de los cuales se pretende sustraer 700 mil millones de pesos para invertir en obra pública, que tenga un efecto multiplicador en la economía. Hay que recordar que la construcción es uno de los sectores que más fuentes de empleo generan, de manera directa e indirecta.

Desde el punto netamente económico, podría ser un buen dinamo para acelerar el crecimiento de las actividades económicas del país. La estrategia es interesante, porque a través del mercado bursátil se invertiría en activos públicos que generan ingresos por su explotación, es decir, se haría un intercambio de ingresos futuros por recursos actuales, en el entendido de que el dinero que salga de las Afores se recuperaría en el largo plazo, porque los proyectos del Gobierno son rentables, lo que permitiría saldar la deuda que se tenga con los trabajadores, con relativa certeza, siempre y cuando haya demanda por esos bienes y servicios, que se supone repuntarán con el gasto en infraestructura.

Como se puede apreciar, existen soluciones creativas para rescatar a la economía nacional. La última palabra la tiene el Presidente de la República.      

Entorno Económico
Federico Muller
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